Publicado en: 14/01/2011

Se aproximan a los 400 muertos en una de las peores catástrofes sufrida por Brasil

BRASIL, (ANP/AFP ).- El saldo de víctimas de los deslizamientos ocurridos en la turística región de montaña al norte de Rio de Janeiro ascendió este jueves a 397 muertos, según el último balance provisional de la que se considera una de las peores catástrofes sufrida por Brasil.

Varios municipios de esa zona a 100 km de Rio sufrieron masivos deslizamientos de tierra y ríos desbordados que se llevaron consigo a personas, casas, árboles y todo lo que encontraron por delante.

La presidenta, Dilma Rousseff, sobrevoló el área devastada y recorrió a pie varias calles de Nova Friburgo, una de las localidades más castigadas por la tragedia, donde prometió “acciones firmes de gobierno”.

En Nova Friburgo, una ciudad industrial y agrícola 140 km al norte de Rio de Janeiro que amaneció incomunicada, al menos 169 personas murieron, informaron los servicios municipales a los medios de comunicación locales.

En la turística Teresópolis, unos 100 km al norte de Rio, otras 172 personas perdieron la vida, y en la vecina Petrópolis, una ciudad imperial, fueron 39, informaron las alcaldía. A esas ciudades se sumó Sumidouro, donde fueron reportados 17 fallecidos.

Entre las víctimas hay “muchos niños y también ancianos” que son los que más difícilmente podían protegerse cuando las trombas de agua y lodo se llevaron las casas por delante, dijo el alcalde de Teresópolis, jorge Mario Selacek, al canal informativo Globonews.

Una situación esperanzadora en medio de la desolación fue el rescate con vida de un bebé de seis meses, que pasó 15 horas semi sepultado por el lodo, protegido por los brazos de su padre.

El rescate del pequeño Nicolás duró cuatro horas y fue conmemorado con aplausos, vítores y lágrimas por la gente y los bomberos. El padre fue rescatado poco después.

“A algunos lugares del interior no se consiguió llegar todavía”, informó a la AFP una portavoz de la alcaldía de Teresópolis, donde al menos 15 barrios de casas de montaña sufrieron por inundaciones y aludes desde las altas montañas.

En esa ciudad, la alcaldía calcula que más de 2.200 personas tuvieron que abandonar o perdieron sus casas. En un gimnasio local se había improvisado un lugar de refugio, mientras los cuerpos iban acumulándose en la comisaría local y la Marina se aprontaba para montar un hospital de campaña.

El vicegobernador de Rio, Luiz Fernando Pezão, exhortó a la población a salir de las zonas de riesgo, ya que están previstas más lluvias.

Las escenas de destrucción se suman a las de desolación de quienes buscan a sus familiares. Centros de acogida, morgues y servicios de primeros auxilios eran improvisados en numerosos lugares de los tres municipios.

Muchos vecinos colaboraban en los rescates y traslado de heridos.

Los derrumbes fueron propiciados por una excepcional lluvia la madrugada del miércoles que acabó desprendiendo parte de las lomas montaña abajo, y agravada por una urbanización irresponsable en muchas áreas de riesgo, permitida por las autoridades locales.

“Esas avalanchas arrastran una masa muy pesada -de tierra, agua y piedras-, con una gran velocidad, que se traduce en una capacidad de arrastre muy grande”, narró a la AFP el coordinador del laboratorio de Hidrología de la Universidad Federal de Rio de Janeiro, Paulo Canedo, para explicar la devastación.

El gobierno aprobó un presupuesto de 780 millones de reales (más de 450 millones de dólares) para paliar el desastre.

La tragedia es una de las peores de la historia de Brasil. En 1967, cerca de 300 personas fallecieron en el balneario de Caraguatatuba, en Sao Paulo, informó el diario O Estado de Sao Paulo.

En 1988 Petrópolis había vivido una tragedia parecida, cuando 134 personas murieron por deslizamientos y derrumbes llevados por las aguas, según el rotativo.

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