Publicado en: 14/06/2011

Recompensa a la paciencia

los Mavericks champions 2011BRISTOL, (ESPN).- La NBA no es justa y su prensa especializada, que por especializada que sea a veces delata un desconocimiento del deporte y sus fundamentos que ciega, coloca etiquetas a jugadores y equipos que son como la mancha de la sabia del plátano verde, muy difícil de limpiar.

Dallas ganaba el tercer partido de las Finales de 2006 ante Miami por 13 puntos en la segunda mitad, ganando la serie 2 a 0 en esa coyuntura. El Heat descontó la ventaja y llegó a pasar al frente por dos tantos 97-95, cuando le cometen falta a Dirk Nowitzki con 3.4 segundos por jugar. El alemán encesta el primero, pero falla el segundo.

Miami a la postre anota un punto más y gana el choque. Así comenzó un inesperado resurgimiento que llevó al campeonato al Heat. “Fue la decepción más grande de mi vida y de mi carrera”, dijo Nowitzki tras alcanzar la cumbre en 2011.

Así también comenzó a fijarse en concreto la reputación de Dirk Nowitzki –un jugador con enorme talento, que no podía liquidar en los momentos culminantes–. El que un jugador de su estatura juegue primordialmente a media y larga distancia daba la impresión que no le gustaba el juego rudo en la llave y que, por ende, era un jugador blando.

Aquel equipo de Dallas contaba con un armador inexperto en Devin Harris y con un director técnico abrumado a nivel de Finales como lo fue Avery Johnson, en su primer año al mando. Los pívots eran Erick Dampier y DeSagana Diop. El dueño Mark Cuban entendió que a su equipo le faltaba mayor rigor defensivo, un pívot que borrase los errores de su defensiva perimetral, y un director técnico que pudiese sacarle el jugo al arsenal ofensivo, mientras insistiese en mejorar la marca.

El Dirk Nowitzki del 2011 aprendió lecciones de esa amarga derrota. Desarrolló su juego interno, con el cual definió dos partidos en estas Finales, al atacar el aro en el con su mano izquierda lesionada en el segundo partido ante Chris Bosh y en el quinto partido cuando dejó atrás a Udonis Haslem con su mano diestra. Cuando le tocó ir a la línea de los suspiros, se quitó la espina del fracaso de 2006, encestando 45 de 46 intentos en estas Finales.

En últimos cuartos de estas Finales, Nowitzki encestó la mitad de sus intentos cuando estaba en el poste bajo o cuando lo aislaban para un uno-contra-uno, anotando 1.11 puntos por cada jugada de esas categorías, según el departamento de estadísticas e información de ESPN. Dio al traste con el mito que no podía jugar cerca del aro, o se conformaba con tiros a media y larga distancia.

Cuban no titubeó tampoco. Cuando Kobe Bryant estuvo disponible como agente libre, Nowitzki se le acercó al dueño de los Mavericks, dejándole saber que entendería si quisiera traspasarlo a cambio de Bryant. “No lo consideré, aún con la grandeza de Kobe y sus anillos obtenidos hasta ese momento, porque Dirk establece las normas en este equipo. La cultura de un equipo es importantísima y para nosotros Dirk y su ética de trabajo son piezas fundamentales”, apuntó Cuban.

Cuban fue oportunista, traspasando por Tyson Chandler, cuyas dos temporadas previas fueron deshechas por lesiones a su pie, hasta el punto que se pensaba que cualquier equipo que lo incorporase tomaría un enorme riesgo. Cuban superó el nivel de impuesto de lujo por $21 millones (uno de ocho equipos en batir el nivel de nómina tras el cual por cada dólar que se sobrepasen de $70.3 millones, tienen que entregarle un dólar a la liga como “impuesto”) en un afán de mantenerse al paso de Los Angeles Lakers en el Oeste. Los Angeles era el único equipo en tener una nómina mayor a la de Dallas.

El resultado de contar con la segunda nómina más alta en la NBA fue la calidad de la banca de Dallas. Jason Terry fue otro, una vez Miami celebró sus 15 puntos de ventaja en la segunda mitad del tercer partido de las Finales. José Juan Barea sacó a Miami de sus casillas, obligando al director técnico Erik Spoelstra a hacer lo que odia: cambiar su alineación titular o rotación. Contar con Brendan Haywod como pívot reserva, pese a la lesión que sufrió temprano en las Finales, es la señal inequívoca de la grandeza de este conjunto de reservas.

El Erik Spoelstra de hoy en día percibe efectuar cambios en su cuadro y su repartición de minutos, a este nivel de eliminatorias, como una vergüenza y una admisión de un fracaso táctico. En un futuro muy cercano lo verá como el comienzo de una mayor flexibilidad y efectividad táctica que beneficiará al Heat.

Todo lo que tiene que hacer es estudiar la carrera de su contrapartida en esta serie. Rick Carlisle exhibía la misma rigidez táctica en sus años con Detroit e Indiana, pero el fracaso, el despido de esos puestos y el pasar un par de años como analista televisivo, le permitieron aprovechar el tiempo para entrevistar a otros técnicos activos y retirados, y diversificar su repertorio.

Mark Cuban

El dueño de los Mavericks, Mark Cuban, sostiene el trofeo de campeones de la NBA

“Cuando buscábamos un reemplazo a Avery Johnson como director técnico, analizamos la valoración de jugadores que habían cambiado de equipo en traspaso o agencia libre”, observó Cuban en su conferencia de prensa tras el triunfo. “La habilidad de Rick de mejorar a los jugadores que se integraban a su sistema despuntaba.

Donnie Nelson (jefe de operaciones deportivas de los Mavs) lo entrevistó en cuanto a los aspectos técnicos del baloncesto y una vez nos convencimos que Rick podría integrarse a nuestras idiosincrasias, como el uso de psiquiatras deportivos y nuestra preferencia por el análisis estadístico, nunca dudamos nuestra decisión de colocarlo al mando del equipo”, subrayó Cuban.

Carlisle fue mucho más ágil tácticamente que Spoelstra, primordialmente en el uso de defensivas inusuales en la NBA. Su planteamiento de una zona dos-tres, con Chandler como líbero protegiendo del aro, ni siquiera era imponente pero contra Miami y su necesidad de penetrar y liquidar cerca del aro se convirtió en un arma eficaz. Al perder el cuarto partido de la serie de primera vuelta ante los Portland Trailblazers, el que ganaban por 23 puntos en el tercer cuarto, los jugadores le pidieron a Carlisle que efectuara ajustes con mayor rapidez. Dallas ganó 14 de sus siguientes 16 partidos, asegurando así el campeonato.

Mientras Pat Riley esté a cargo del Heat, dudo que Miami plantee una zona. Riley piensa que la zona no es de hombres, es el primero en salirle al paso a cualquier sugerencia que la NBA pueda liberalizar sus reglas defensivas y permita zonas francas como en el resto del planeta. Dallas y sus tiradores no formaban el mejor rival contra el cual plantear una zona, pero Spoelstra tomará un paso al frente si la incorpora como arma en las próximas temporadas.

La apuesta por aglutinar tres estrellas del Heat no pudo contra la profundidad de banca de los Mavericks esta vez. Ya escucho a varios analistas, a sólo minutos de la derrota del Heat, condenar a Miami a un futuro lleno de fracasos, porque siempre enfrentarán a equipos más profundos. El nuevo convenio colectivo afectará la estructura salarial del Heat, pero podría afectar más aún a equipos como Lakers y Mavericks, quienes no podrán comprar una banca de tanta calidad a billetazo limpio.

El nuevo convenio colectivo apunta a que tarde o temprano se establezca un tope salarial duro, como en la NFL (liga de futbol americano estadounidense), donde los equipos tendrán la misma nómina, sin excepciones. Ese sistema puede que o se instale de golpe en la temporada 2011-12 o de forma escalonada, pero para allá se encamina la liga.

En ese caso, contar con tres estrellas en el apogeo de sus carreras puede que le convenga al Heat, pero con un caveat enorme. Spoelstra y sus Tres Amigos tienen que ver el baloncesto con otros ojos. Nada de referirse a los otros nueve jugadores activos en un partido como “mis tropas”. Cuando Wade abandonó el quinto partido en el segundo cuarto con su lesión de cadera, no sólo Miami legó a tomar el comando, sino que lo logró con su reparto. El día que Spoelstra insista que Wade, James y Bosh involucren a sus compañeros por diseño, y no por obligación, será el día en que se acerquen a su potencial.

James, en particular, fue el punto de enfoque de aquellos que criticaron las contrataciones del Heat y en particular el comportamiento de sus estrellas entre temporadas. También recibió la gran parte de las críticas cuando no liquidó partidos en Finales en sus últimos cuartos.

Pero esa cara de aturdido de LeBron James para mí delató la incomodidad de verse jugando un baloncesto distinto al que acostumbra, un baloncesto donde si lo doble y triple marcan, tiene que hallar a compañeros desmarcados, no por obligación, sino por comisión.

El LeBron James que jugó en estos playoffs fue distinto al usual. El James de antes no escatimaba esfuerzos cuando podía marcar una asistencia. Coleccionaba asistencias para ocultar sus tendencias individualistas, de la misma manera que jugadores displicentes en el costado defensivo en la NBA (me viene a la mente Allen Iverson) coleccionaban robos de balón para que nadie los acusase de ser pobres defensas.

El LeBron James del cierre de esta postemporada, comenzó a dar el pase que lleva a la asistencia que produce la canasta. No por accidente, sino por visión de cancha, por entendimiento de lo que planteaba el contrario y por su confianza en sus compañeros. James tiene asignaturas pendientes: tiene que pulir su tiro a media y larga distancia, tiene que entender cómo liquidar partidos, y tiene que continuar anotando sin el drible, cortando al aro.

Wade tiene que darse cuenta que ya su cuerpo no sana con la rapidez de un joven de 24 años de edad. El recibir una golpiza con ataques al aro ante dos o tres defensas que exigen un tiro circense o absorber una golpiza que lo coloque en la línea de tiros libres debe formar cada vez una menor parte de su juego. La parada súbita, el juego de poste medio de espaldas al aro a lo largo de la línea de fondo, donde pueda imponer su capacidad de salto y ritmo está disponible para ser explotado.

Bosh tiene que darse cuenta que Miami necesita balance ofensivo, necesita convertirse en un provocador de situaciones en el poste bajo, en la llave. Si no puede anotar, muy bien, tendrá oportunidades de nutrir a sus compañeros con asistencias. Bosh aprenderá a reconocer oportunidades desde el poste alto que lo que reconoce hasta ahora.

Quizás Spoesltra y Riley tendrán también que descartar el modelo donde el base armador es un adorno en la carrocería del Heat. No es que el Heat carezca de calidad en esa posición, es que marginan al armador de Miami. La cantidad de pérdidas en estas Finales y su costo al capitalizarlas Dallas fue uno de dos síntomas (el otro la ventaja de la banca de los Mavs) de un mismo mal: las desventajas de una rotación de siete (y medio) jugadores del Heat.

Los Mavericks anotaron 20 puntos como resultado directo de las 12 pérdidas cometidas por Wade, James y Bosh en el sexto y decisivo partido en estas Finales, incluyendo 11 de los 15 puntos en contragolpe de los Mavericks.

Un buen armador que conduzca el equipo capazmente mientras descansen Wade y James y que pueda hallar a Wade, James o Bosh que corten al aro sin el balón sería un sueño para este equipo.

Miami jugó en junio mucho mejor que lo que jugó en abril, y mucho mejor que lo que el nivel de rendimiento en diciembre y octubre. El semanario Sports Illustrated menciona esta semana que Spoelstra llegó a instalar la ofensiva que hoy usó el Heat en el mes de enero y que no instaló los sets ofensivos que usarían en situaciones de cierre de partidos hasta el mes de marzo.

Quizás la lección más importante que pueda extraer Miami de esta derrota, es ver a un equipo de Dallas que rodeaba aun pívot con cuatro buenos tiradores a media y larga distancia (aunque no todos a larga distancia) que podía mover el balón en la media cancha por casi los 24 segundos hasta hallar a un compañero desmarcado que tenía el intento óptimo al aro. La paciencia desplegada por Dallas en estas Finales fue el elemento más importante de su capacidad.

La paciencia de los Mavericks fue forjada en las derrotas sufridas ante Miami en las Finales del 2006, en la eliminación como primer clasificado en el Oeste ante los Golden State Warriors en 2007, en sus reveses ante su Némesis San Antonio Spurs, entre otros. Esa paciencia los obligó a tomar mejores decisiones de personal y a ensamblar un grupo de individualidades en un equipo conocedor y paciente.

Esa paciencia fue ampliamente recompensada. Si James y Wade declaraban su intención de ganar hasta siete campeonatos, Dallas se conformaba con su primero, para el cual esta era su mejor, y última oportunidad.

Nadie encarnó mejor esa paciencia de lo Mavericks que Jason Kidd. Tras 17 temporadas en la NBA, Kidd mide sus energías restantes con una sabiduría asombrosa. “Lo fichamos porque despuntaba en lo que tildamos como los ‘momentos cuando se gana'”, declaró Cuban. Las decisiones que toma, la manera que se prepara y prepara a sus compañeros en esos momentos no tienen igual”.

Dallas le mostró el camino al Heat. No hay garantía alguna que los integrantes y directiva de Miami alcancen su meta, pero en la vida las lecciones que se aprenden mejor las enseñan los fracasos. Veremos.

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