Publicado en: 06/05/2011

“Falta la confianza mutua”

Andrew BynumNUEVA YORK, (ESPN).- Rara vez se expresa un jugador con tanta franqueza. Tras la segunda derrota en casa de Los Angeles Lakers en su semifinal del Oeste, el pívot Andrew Bynum habló a la prensa con todo propósito por unos seis minutos, en el vestuario de los anfitriones.

“Están enraizados en estos momentos”, hacienda referencia Bynum a los problemas del equipo. “Es obvio que falta la confianza mutua. A menos que discutamos este tema en conjunto, nada cambiará. Tenemos que arribar el jueves y tener una buena sesión, que creo que tendremos, y corregir los fallos. Si nó, iremos a casa (nos eliminaremos)”.

“Creo que es obvio para cualquiera que observa estos partidos”, añadió Bynum, sin alzar la voz o perder los estribos. “Los pases no son desprendidos, defensivamente no apoyas al compañero porque él no te apoyó previamente, cosas así”.

 

El tópico de un balón ‘pegajoso’ en ataque, que cambia de manos con dificultad, es algo que afectó directamente a Bynum en el segundo partido y quizás sea el único de los tópicos que trae a colación en el que tiene una agenda personal. Bynum encestó ocho de 11 intentos al aro, fue el único jugador de Los Angeles que encestó más de la mitad de sus intentos, sin embargo fue el poste olvidado en el segundo partido ante los Dallas Mavericks. Encestó tres de sus ocho canastas rematando tras adquirir el rebote ofensivo.

 

Lo que verdaderamente frustra a Bynum es el costado defensivo. Como el taponero del equipo, es el jugador designado a proteger el aro. De hecho, elementos importantes del diseño de la ofensiva, en especial cuando el balón está en el costado de la cancha, requiere que cualquier atacante con el drible por la línea de fondo sea escoltado por el defensa Laker hacia Bynum, para que él se encargue de tapar el tiro o doble-marcar al portabalón.

 

“Creo que la confianza a la cual se refiere es ayudarnos en el costado defensivo”, observó Kobe Bryant. “Vieron muchas bandejas y tiros a boca de jarro. Él se frustra cuando ayuda a un base saliendo de la jugada de bloqueo y continuación y nadie lo apoya a él”.

 

Bynum lo confirma, añadiendo una revelación que sorprende por su honestidad: “En cuanto a la confianza, todo se desmoronó. Dejé de Ativan ayudar defensivamente a mis compañeros porque mis marcas recibían alley-oops y canastas fáciles, así que sucumbí a no ayudar defensivamente a mis compañeros. Es algo que puedo remediar fácilmente”, declaró Bynum.

 

Lavar los trapos sucios en público es un tabú en el baloncesto, no sólo en la NBA. De hecho, revelar disputas internas se considera un acto de traición que tiene que irritar de sobremanera al director técnico, aún si el acto de revelar falencias tiene el efecto de oxigenar heridas y rupturas dentro de un conjunto.

 

Bynum no es un jovencito impetuoso. Aguantó gallardamente la solicitud a gritos de Bryant de que lo traspasaran a otro equipo en 2007. Enfrentó con ecuanimidad todos los rumores de su inminente traspaso a otros equipos por varias temporadas.

 

Recordemos que su pasatiempo favorito es armar y desarmar computadoras, por lo que prefiere ver una máquina trabajar a su máximo nivel. La máquina a la cual Andrew dedica su tiempo y energías, los Lakers, está lejos de optimizar su potencial. Por eso se expresa de esta manera, sin rencor, sin emoción, sin mucha frustración evidente.

 

Su comentario final es el más preocupante: “Si vamos a las raíces de lo que nos aqueja y no barnizamos las cosas y no evitamos hablar de temas delicados, nos irá bien. Si no lo hacemos, nos irá mal. Creo que hemos mencionado estos temas antes, pero llegó la hora de verdaderamente pausar para preguntarnos las preguntas más difíciles”.

 

Quizás sus comentarios tengan el mismo efecto de un remedio que es peor que la enfermedad, pero Bynum pide a gritos que emerja un líder en el equipo, una persona que fiscalice el rendimiento del equipo. Lo interpreto como una crítica indirecta a Phil Jackson y su estilo de dejar que un equipo veterano encuentre el camino por su cuenta.

 

A Pau Gasol se le nota incomodísimo esta temporada; Ron Artest no es confiable. Uno de los mayores espejismos entre temporadas queda expuesto como triste realidad  la banca de los Lakers, los ‘Killer Bs’, decepcionan hasta ahora profundamente. Bryant no calibra cuándo debe involucrar a sus compañeros y cuándo debe halar las riendas. El equipo no aprovecha sus fortalezas constantemente, y su intensidad y entrega defensiva va y viene. La lista es larga: ¿a quién le corresponde solucionarla?

Publicidad Pagada

anuncie