Publicado en: 02/06/2011

Política energética necesita golpe de timón

Molinos en Cabo Occidental, en Sudáfrica.

Molinos en Cabo Occidental, en Sudáfrica.

WINDHOEK, (IPS) – Una radical reforma a la actual política energética de Sudáfrica podrá ayudar a recortar las emisiones de gases invernadero 80 por ciento para 2050 respecto de las registradas en 1990, aseguran especialistas.

Además, tras un aumento inicial de las inversiones, los sudafricanos pagarán durante cuatro décadas 23.000 millones de dólares menos al año por el consumo eléctrico, en relación con lo habitual.

Reducir la actual dependencia del carbón y del petróleo al tiempo que se mejora la eficiencia energética puede ayudar al país a reducir el consumo para 2050, pese al aumento de población y al crecimiento económico.

Esa posibilidad figura en el estudio “The Advanced Energy Revolution: a Sustainable Energy Outlook for South Africa” (“Revolución energética avanzada: perspectiva de energía sustentable en Sudáfrica”), presentado el 25 de mayo en Johannesburgo por el Consejo Europeo de Energía Renovable (EREC, por sus siglas en inglés) y la organización ambientalista Greenpeace.

Energía sustentable para el futuro

El director de Greenpeace para energías renovables, Sven Teske, prevé una masiva electrificación rural en el continente, donde hay mucha gente sin conexión a la red de suministro.

“Las áreas cercanas al tendido eléctrico tendrán una combinación de energía solar concentrada, eólica, bioenergética y geotérmica así como proyectos de pequeñas y medianas represas hidroeléctricas”, señaló Teske.

Las zonas más alejadas dispondrán de una combinación de células fotovoltaicas y de electricidad generada a partir de biomasa, además de pequeñas centrales hidroeléctricas.

“Una electrificación directa será mucho mejor que ampliar la red de suministro, para lo cual tampoco hay incentivo económico”, añadió Teske. “¿Qué operador querrá extender un línea eléctrica a una pequeña comunidad?”, explicó.

En enfoque directo funciona en países como India, donde el gobierno se comprometió a generar 20.000 megavatios a partir de iniciativas locales.

El estudio también presenta una perspectiva menos ambiciosa en la que los combustibles fósiles constituyen una parte importante de la mezcla de fuentes de energía, pero con mayor eficiencia se podrán recortar las emisiones a la mitad.

Un elemento fundamental sería la existencia de estándares de eficiencia, indicó Teske.

“Lamentablemente, las campañas para cambiar comportamientos no han sido muy efectivas. El problema en Sudáfrica, y la región, es que no hay estándares técnicos sobre eficiencia para construcciones, dispositivos, centrales eléctricas ni vehículos”, añadió.

Por ejemplo, no hay ninguna norma que disponga que el consumo estándar de la luz de espera de un electrodoméstico no exceda un watt.

Implementación

En el desierto de Namib, a 150 kilómetros del poblado más cercano, hay una pequeña comunidad que puso en práctica la propuesta de los investigadores.

“Usamos unos cuatro kilovatios/hora por persona, por día”, para grupos de 40 estudiantes y un promedio de 15 litros de agua, también por persona por día”, señaló Viktoria Keding, directora de Namib Desert Environmental Education Trust (NADEET, por sus siglas en inglés).

Los hogares sudafricanos consumen un promedio de 35 kilovatios/hora, al día, y 50 litros de agua por persona.

El centro, creado en 2003, se alimenta de energía solar y eólica, incluidos congeladores, heladeras y proyectores. Se utiliza un pequeño generador a gasolina como respaldo para algunas horas del día.

“Lo que usamos de agua y electricidad al día, otras personas lo consumen en pocas horas”, indicó Keding.

Si NADEET utiliza una cocina eléctrica en vez de una alimentada a energía solar, la huella de carbono se dispararía 23 veces, añadió.

Muchas personas no se sienten motivadas a consumir menos energía, indicó Keding.

“Pero muchas de esas cosas son fáciles de hacer y permiten un estilo de vida sustentable. Hay que pensar que los recursos son valiosos. Si el agua fuera oro comprarías una ducha de bajo consumo. Además de la educación, la tecnología es el principal problema. Mucha gente quiere hacer esos cambios, pero no acceden a ella”, explicó.

A largo plazo cuesta menos

Es un mito que la energía eólica y solar son más caras que los combustibles fósiles, indicó Teske.

“Las fuentes renovables se hicieron fama de caras en las últimas dos décadas, pero ya no es así. El costo de la energía solar cayó más de 50 por ciento en los últimos cuatro años. La tendencia se mantendrá. Asimismo, la alternativa eólica es más barata que las nuevas plantas a carbón”, explicó.

Los problemas actuales en la transmisión pueden superarse mediante una red eléctrica descentralizada y estaciones de energía más eficientes, asegura el estudio.

Una agresiva política en materia de energías renovables, colocando 80 por ciento de las inversiones en el sub-sector, requerirá de 404.000 millones de dólares. Sólo Sudáfrica necesitará de un monto adicional de 5.200 millones de dólares al año, pero el ahorro proyectado ascenderá a unos 6.600 millones de dólares, según el estudio de EREC y Greenpeace.

Pero los inversionistas necesitan seguridad y economías de escala. “Un parque eólico de varios miles de megavatios es un ejemplo de buen negocio”, arguyó Teske.

“Se necesitan políticas a largo plazo para fomentar el sub-sector de energías renovables”, remarcó.

“La razón por la que apenas si hay inversiones en África en ese rubro no es la falta de tarifas de alimentación para la energía renovable, sino la falta de un marco claro. Los inversionistas quieren saber si tendrán acceso a la red de suministro, al mercado y si pueden forjar acuerdos con los operadores para comprar energía”, añadió.

“Las políticas públicas expandirán o contraerán el desarrollo de la energía renovable en las próximas décadas, no la disponibilidad de recursos”, afirmó Ramon Pichs, uno de los autores del informe del Grupo Intergubernamental de Expertos sobre Cambio Climático (IPCC).

“Los países en desarrollo hacen una apuesta importante hacia el futuro, pues concentran a la mayoría de las 1.400 millones de personas que viven sin electricidad y donde están las mejores condiciones para el despliegue de fuentes alternativas de energía.

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