Publicado en: 26/06/2011

PLD, peligro de las insurgencias en este proceso

LA CLAVE.- Los peledeístas han ganado varias elecciones en línea porque han sabido lidiar con sus diferencias e írseles ‘alante a las crisis’. Cuando un dirigente o sector recoge uvas malas y el vino resulta muy cargado, entre todos le echan agua y beben en santa paz. El vino aguado no emborracha, nadie pierde el tino y saben mantener el entendimiento y la armonía.

Ánimo forzado, sin dudas, pero hasta ahora muy conveniente. Abortar no es bueno, pero hay quienes lo aceptan si es para salvar a la madre. Los elementos de conflicto se mantendrán latentes, y más tarde o más temprano estallarán con la fuerza de una bomba atómica.

Entretanto, el partido conserva su pujanza, y si no le sirve al país, por lo menos sí a ellos mismos. Cuando eran otros los usos y las maneras, por cualquier quítame esa paja. el PLD se conmocionaba, y las consecuencias no se dejaban esperar: O se expulsaba a los necios o desertaban los disidentes.

Hace mucho que el partido no vomita ni excreta. Todo lo que engulle se le queda adentro, y por eso es grande y gordo, casi obeso, con las naturales dificultades de movimiento…

CLARÍSIMA.- El plebiscito y el Sí necesario es uno de esos trances de echar agua al vino y de posponer una crisis en medio del trance difícil de una elección presidencial. La cuestión es clara, y los peledeístas la entienden. Todos: los necios, los disidentes, los oportunistas… y hasta los malvados. Dicen los abogados que el acuerdo entre las partes hace ley. De eso se trata. No se viola nada desde el momento que los dos más importantes organismos de dirección proveyeron el mecanismo. No hay autocracia, no hay dictadura.

Trujillo anda muy lejos de estas decisiones. Y la memoria de Juan Bosch no se afecta en nada. No puede hablarse de principios en un partido que para conseguir y mantener el poder ha hecho lo propio y lo indebido. El PLD patentizó como suya una fórmula del más puro pragmatismo.

Repugna todavía escuchar en boca de altos dirigentes, incluso representantes de la ortodoxia, que “en política se hace lo que conviene”. ¿Cómo pueden ahora los peledeístas permitir que los diletantes o los dolidos por el triunfo ajeno promuevan insurgencias que pongan en peligro sus propios cimientos?…

ELLOS, ELLAS.- ¿Cómo se explica que en un partido que dice tener dos millones doscientos mil miembros, solo tres aboguen públicamente por el No en el plebiscito del domingo? Hace mucho que el PLD se parece al PRD, y nadie se calla una opinión, sin importar los riesgos. Se supone que es el PLD de Euclides Gutiérrez Félix, Franklyn Almeyda, José Tomás Pérez, Luis Inchausti, y hasta del olvidado Miguel Solano. Sin mencionar otras muchas que se la juegan cuando la ocasión lo impone, como Leddy Vásquez, Hanoi Sánchez o Sonia Mateo. Entonces, por miedo nadie ha dejado de hablar.

Ahora aparece Melaneo Paredes. Dicen en las costas que “mar revuelto, ganancia de pescadores”. Sin embargo, depende de la embarcación y de quiénes tiren las redes. Desde fuera no se cree que Paredes tenga mucho ascendiente en las bases del PLD, como para tupir una parte apreciable y convencerla de que vote por el No. Entre sus compañeros se le ve como un trepador, como alguien que quiere usar la oportunidad para abrirse paso hacia el Comité Político…

LOS LIDERAZGOS.- Este es el punto que sería decisivo. Por mucho encono que haya en las bases o en los dirigentes medios, se hace cuesta arriba que un partido como el PLD pueda cambiar su configuración de un día para otro o en el transcurso de una consulta que se considera importante.

No todos los días se escoge un candidato a la presidencia. De Minou Tavares no se puede decir mucho. Ella está a favor del No, pero nadie cree que sus influencias vayan más allá de su propia vanidad de mujer que se maneja con independencia.

Ella juega siempre, y ahora con más razón, a la sociedad civil. Los votos que la nominan son peledeístas, y los votos que la eligen diputada, también son peledeístas, pero ella se toma esas libertades.

Lo peor es cuando de niña se carga muñeca como comunista y de grande se intenta lucir liberal. ¿Pueden los “liderazgos” de José Tomás Pérez, Melaneo Paredes y Minou Tavares, en el caso del plebiscito y el No, compararse o superar a las simpatías o adhesiones establecidas de Leonel Fernández y Danilo Medina? Si fuera así, más que sorpresa (que lo sería), se asistiría a uno de los tantos finales del mundo…

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