Publicado en: 04/10/2011

PETRÓLEO-SUDÁN: China tiene la llave

editorial-despertar-dominicanoJARTUM, (IPS).- El papel de China en la industria petrolera de Sudán y Sudán del Sur podría emplearse para frenar la escalada de violencia que ya desplazó a miles de personas e hizo caer la producción de crudo en los dos países vecinos, recién separados.

El gigante asiático importa 60 por ciento del petróleo sudanés y posee 40 por ciento de las acciones de Petrodar y de Greater Nile Petroleum Operating Co, las dos mayores empresas del sector en este país, según la Academia China de Ciencias Sociales.

Pero el conflicto entre los países africanos afectó la explotación de crudo. Según el Ministerio de Minería y Petróleo de Sudán del Sur, la producción disminuyó de 85.000 a 60.000 barriles diarios (de 159 litros) en los estados fronterizos, y lo mismo ocurrió con el crudo de Sudán, que cayó de 60.000 a 48.000 unidades por día.

El estado sudanés de Kordofán del Sur, próximo a la frontera con Sudán del Sur, vive enfrentamientos armados desde junio, y el de Nilo Azul, en el límite con Etiopía, soporta combates desde principios de septiembre.

Ambos conflictos tienen como protagonistas al ejército de Sudán y al Movimiento de Liberación del Pueblo de Sudán-Norte (SPLM-N), grupo asociado al Movimiento de Liberación del Pueblo de Sudán que gobierna Sudán del Sur.

Kordofán del Sur se convirtió en el principal estado petrolero sudanés tras la independencia de Sudán del Sur, formalizada el 9 de julio, indicó el analista político sudanés Magdi El Gizouli.

“Es difícil obtener dinero y petróleo si no hay paz”, advirtió al inicio de este brote de violencia la portavoz del Departamento de Estado (cancillería) de Estados Unidos, Victoria Nuland. Beijing debería “aprovechar esta oportunidad para detener la violencia en Sudán”, agregó.

“Estados Unidos ya no tiene mucha influencia”, había dicho en junio el exembajador estadounidense en Etiopía, David Shinn.

“Lo único que puede hacer, aparte de pontificar y vociferar, es amenazar con trancar la normalización de las relaciones diplomáticas” con Jartum, agregó.

Pero la estrategia de tentar a Jartum con un posible alivio de deuda o con un indulto no obtuvo gran eco en el presidente sudanés Omar al-Bashir, el único jefe de Estado en funciones bajo proceso de la Corte Penal Internacional (CPI).

La mayor parte del crudo está en Sudán del Sur, pero los oleoductos, los servicios y el grueso de la infraestructura de la industria petrolera están en Sudán.

Ambos países negocian desde el año pasado el arancel que Jartum cobra a Yuba por el uso de su infraestructura.

“El principal ingreso de Sudán del Sur procede del petróleo y protegerá la industria pues no puede permitirse afectar la producción, ni siquiera en forma temporal”, señaló un empleado del departamento de oleoducto de Petrodar, quien pidió no revelar su nombre.

Alrededor de 98 por ciento de los ingresos de Sudán del Sur proceden del crudo.

Cuando Petrodar comenzó a extraer crudo tras la construcción de su oleoducto de 1.506 kilómetros en 2006, la producción era de entre 300.000 y 500.000 barriles diarios. Pero solamente entre 100.000 y 110.000 procedían de Sudán, el resto se bombeaba de yacimientos que hoy son sursudaneses.

El oleoducto de Petrodar se extiende desde la cuenca de Melut, en el estado sursudanés de Unidad, situado entre los conflictivos Kordofán del Sur y Nilo Azul, hasta el puerto de Sudán, en el norte.

Sudán del Sur necesita de los caños, las terminales portuarias y las refinerías para movilizar su crudo.

“Jartum propuso cobrar 32 dólares por barril por concepto de exportación, pero el gobierno sursudanés lo rechazó por considerarlo un exceso”, indicó la fuente.

Las autoridades de Sudán retuvieron en septiembre 600.000 barriles de crudo durante 24 horas, reclamando el pago de derechos de aduana. Finalmente, el crudo fue entregado, pero no se sabe si el gobierno de Sudán del Sur pagó o no.

Yuba tendrá que decidir sobre los aranceles de tránsito antes de fin de mes, señaló Al-Bashir en entrevista con el periódico saudita Asharq al-Awsat, con sede en Londres.

Pero el gobierno sursudanés quiere que las negociaciones se lleven a cabo en una reunión de la Unión Africana, encabezada por el expresidente sudafricano Thabo Mbeki.

“Mucha gente cree que la disminución de ingresos petroleros desalentará el ímpetu bélico de Sudán”, dijo el analista Eric Reeves, investigador del Smith College, de Estados Unidos. “Pero la verdadera cuestión es si Jartum logra mantener el control político sobre una población afectada por la inflación y el alza del precio de los alimentos”, apuntó.

En ese contexto, el único actor que efectivamente puede presionar a Sudán es China, cuyo apetito de ganancias petroleras depende ahora de mantener cálidas relaciones con los enemigos de Al-Bashir, lo que podría llevarla a terminar su amistosa actitud de décadas con el régimen del Partido Nacional del Congreso, acusado de cometer atrocidades.

China es el mayor importador mundial de petróleo después de Estados Unidos y depende de la provisión de Sudán y Libia. Es poco probable que arriesgue su economía en auge por honrar viejas relaciones con Al-Bashir, en especial cuando este se arriesga a una guerra prácticamente encima de los preciados yacimientos de crudo de Sudán del Sur.

Según un cable fechado en 2008 por el Departamento de Estado, y publicado por Wikileaks, el fiscal jefe de la CPI, Luis Moreno Ocampo, responsable de procesar y de librar la orden de arresto contra el mandatario sudanés, sostuvo entonces que “a China no le importa lo que le pase a Al-Bashir y no se opondrá a su detención mientras no se interrumpa su suministro”.

A las compañías chinas les importa el petróleo, coincidió el analista sudanés Hafiz Mohammad.

“La mayor parte del crudo de esta región es explotado por empresas chinas a las que no les preocupan mucho los derechos humanos, solo sus inversiones y el comercio”, indicó.

“En cierta forma, los combustibles fósiles financian conflictos en vez de llevar prosperidad y crecimiento. Además, polarizan el ambiente político porque las opiniones contrarias se compran con el mismo dinero”.

Las compañías occidentales no invierten en Sudán por las masivas denuncias de violaciones a los derechos humanos y por las sanciones que Estados Unidos dispuso en los años 90 a Jartum, acusado de apoyo al terrorismo y de sostener continuos conflictos con grupos internos.

“En sus años de auge, la industria petrolera de este país era de alto rendimiento y alto riesgo. Las corporaciones occidentales participaban tanto como las chinas, pero estas últimas no tienen la presión de la sociedad civil nacional que protesta y pide abandonar el negocio”, indicó El Gizouli.

La empresa canadiense Talisman Energy vendió en 2003 su 25 por ciento de participación en la Greater Nile Oil Company a raíz de las presiones de organizaciones locales.

China fue muy criticada por organizaciones internacionales de derechos humanos, en especial en 2008, cuando se celebraron los Juegos Olímpicos de Beijing, que fueron bautizados “juegos genocidas” por esos grupos.

Los activistas cuestionaban que empresas chinas siguieran haciendo negocios y no aceptaran presionar a Jartum para que pusiera fin a la guerra civil en la occidental región de Darfur, donde se perpetraba un genocidio.

A partir de 1996, la exploración y explotación petroleras causaron desplazamientos masivos de poblaciones indígenas en las zonas ricas de crudo, en especial en Unidad, donde comienza el oleoducto el Gran Nilo, afirma un informe de la European Coalition on Oil in Sudan (coalición europea sobre el petróleo de Sudán).

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