Publicado en: 15/02/2019

¿Necesitamos otra Betty, la Fea?

Ana María Orozco, América Ferrera y Elyfer Torres; en sus interpretaciones de Betty.

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En la telenovela colombiana de 1999 Yo soy Betty, la fea, los espectadores conocieron al personaje de Beatriz “Betty” Pinzón Solano: una mujer brillante y talentosa de veintitantos años que no consigue llegar muy lejos en el ámbito profesional debido a su aspecto físico. Betty, interpretada por la actriz Ana María Orozco, era cejijunta, tenía frenos y un flequillo despuntado. Usaba anteojos de armazón rojo que le quedaban demasiado grandes y ropa poco halagadora, además, su voz era gangosa como si se hubiera tragado una rana. En la telenovela, es difícil para Betty encontrar trabajo, pese a que tiene un título universitario en Economía, así que termina por aceptar un puesto de secretaria en una empresa de moda. Ahí, se enamora de su apuesto jefe, Armando, quien, a pesar de sentir aversión en un inicio, también se enamora de ella.

La historia de Betty tocó una fibra sensible en la audiencia, en Colombia y en otros países. Yo soy Betty, la fea se ha reproducido en todo el mundo: en México, se llamó La fea más bella, y estuvo protagonizada por Angélica Vale. En Estados Unidos, America Ferrera ganó un Emmy por su interpretación en Ugly Betty, que se transmitió durante cuatro temporadas en ABC. Compañías productoras en España, Grecia, Filipinas, Brasil y Tailandia han lanzado sus propias versiones. Y la semana pasada, Telemundo estrenó su nueva iteración: Betty en NY.

A mí me encantó la original. Me gustó tanto que me rehusé a ver Ugly Betty cuando la transmitieron en ABC. Pensé que nunca podría compararse. Betty era diferente a las otras protagonistas de novela en los años noventa y principios de los 2000, porque su sello distintivo era su intelecto, y no su belleza. Además, a pesar de los obstáculos sociales a los que se enfrentaba debido a la superficialidad de los demás, nunca sintió lástima por sí misma. En cambio, ella y su amigo Nicolás Mora incluso se reían de sus circunstancias. En el primer episodio de la versión original colombiana, mientras bromea acerca de lo difícil que es encontrar trabajo, Nicolás dice que deberían intentar unirse al circo. Betty, entre carcajadas, añade que deberían contratarlos para espantar a los leones a fin de que se comporten.

Al leerlo suena crudo, lo sé, pero yo lo veo como una aceptación radical. Betty y Nicolás reconocen la realidad de la sociedad en la que viven, donde los currículos deben ir acompañados de fotografías. En la vida real también es cierto que la apariencia es objeto de un escrutinio riguroso, incluso si es implícito.

Hace poco, me rendí y vi Ugly Betty, con America Ferrera de protagonista. Me sorprendió darme cuenta de que la historia también funcionaba en el contexto anglosajón. Al igual que en la original, esta Betty no se lamentaba por su aspecto físico, y la historia se expandía para abordar la vida entre dos mundos diferentes: Betty es latina y vive en Queens con su familia, por lo que se le dificulta encajar en su trabajo en Manhattan en una revista de moda, Mode. La actuación de Ferrera como Betty es graciosa y tenaz; no se doblega cuando los demás tratan de hacerla sentir inferior.

En la versión de Betty en NY esperaba ver un enfoque igual de moderno, pues al parecer, hasta ahora, se ha apegado bastante a la original colombiana, con algunas actualizaciones menores: una versión en reguetón del tema original de la novela, un personaje que es experto en redes sociales y otro que es queer. Algunas escenas son casi idénticas a la original, y muchos de los personajes se parecen demasiado a la versión colombiana.

Sin embargo, ya que se supone que el programa ocurre en la actualidad, fui más crítica respecto a los cambios en la sociedad que no está representando. El movimiento #MeToo (#YoTambién) ha derivado en un escrutinio intensificado sobre el trato a las mujeres en el lugar de trabajo, y las campañas en contra de la intimidación han recibido mucha más atención pública en los últimos años. El trato que recibe Betty en la nueva versión es casi cruel y resulta exasperante. Hay una escena en la que el gerente de contrataciones le dice a Armando que rechazó a Betty para el puesto debido a su apariencia. “No puedo creer que el director de recursos humanos de mi empresa esté diciendo estas tonterías”, le responde Armando, pero enseguida agrega: “¿Qué tan fea puede ser?”.

Fue astuto que Betty en NY dejara la palabra “fea” fuera de su título, porque las mujeres no deberían tener que lidiar con eso, ni en sus vidas profesionales ni en ningún otro contexto. Las Bettys tanto de Ferrera como de Orozco se definían por más que solo su apariencia. A medida que avance la trama de Betty en NY, espero que la nueva Betty de Telemundo desarrolle una complejidad similar.

Estas son otras historias que puedes leer esta semana.

El Roundup

Igual que en la tele

El personaje de Rosa en Brooklyn Nine-Nine, interpretado por Stephanie Beatriz, fue un enigma durante las primeras seis temporadas del programa. Después, el personaje reveló que era bisexual, un reflejo de la revelación pública y personal que hizo Beatriz en la vida real. Incluso antes de que se dijera explícitamente en el programa, Beatriz dijo: “En mi mente, en secreto, creo que la estaba interpretando como alguien que se sentía atraída por todos los géneros”.

¿Recuerdan a Lorena Bobbitt?

Pues ella está lista para aclarar por qué hizo lo que hizo.

Sí, las familias migrantes siguen separadas

En este artículo [en inglés] de The New Yorker, Sarah Stillman sigue los intentos de una mujer llamada Sindy para recuperar la custodia de su hija pequeña, quien fue separada del esposo de Sindy en la frontera. Stillman muestra las barreras burocráticas que Sindy debe enfrentar —dijo que le pidieron que pagara los vuelos de su hija y de un acompañante adulto, por ejemplo— y describe las videollamadas desgarradoras entre la madre y su hija.

Un cambio en los medios

Para la revista Elle, Monica Castillo escribió [en inglés] acerca de la supresión constante de los personajes latinos en las películas y la televisión estadounidenses y preguntó: ¿será que el éxito de nuevas películas como Roma y programas como One Day at a Time crearán un cambio duradero?

La ñapa

Antes del mes de la Historia Negra, Jasmine Sanders escribió [en inglés] sobre las mujeres negras y su relación con las pieles de animales. Es una línea del tiempo absorbente que lleva al lector desde los inicios del comercio de pieles en Estados Unidos hasta una granja de visones en la actualidad. Siempre me ha interesado saber más acerca de las relaciones entre las mujeres de bajos ingresos y su vestimenta y apariencia. Las mujeres en mi familia están comprometidas a ostentar una presentación inmaculada y siempre han pregonado el dicho: “Pobres pero dignas”.

“Con demasiada frecuencia se demonizan los hábitos comerciales de las personas de color”, escribió Sanders. “Las pieles de mi madre son parte de su insistencia en tener una elegancia pública en un mundo que a menudo es tan poco hospitalario con ella”.

Por CONCEPCIÓN DE LEÓN/NYTyme