Publicado en: 03/06/2011

Los Mavericks hicieron un parcial de 20-2 para igualar las Finales ante el Heat 1-1

Dirk NowitzkiDESPERTAR DOMINICANO, (ESPN).- No existe en la vida anhelo más grande que el de regresar. Al primer amor, a los amigos, a familiares perdidos. A la ciudad que nos vio nacer, al barrio, a las costumbres. El hombre siempre buscó, a lo largo de su existencia, volver a repetir experiencias agradables, felices, pero la carga de la experiencia lo llevó sólo hasta la puerta de lo que buscaba. Jamás pudo cruzar el umbral de los sueños pasados.

Los griegos, sabios en el arte de pensar como un fin y no como un medio, clausuraron toda vía de esperanza al afirmar, sin un atisbo de duda, que “nadie puede bañarse dos veces en un mismo río”.

El deporte es el único terreno en el que los regresos son posibles. Lo vivido, aquí, funciona como un plus valioso en la búsqueda y no como un elemento contaminante para lo que vendrá. Los regresos jamás tienen un libreto establecido de antemano. Se escribe derecho sobre renglones torcidos, se transitan caminos sinuosos, extraños y poco frecuentes. El tiempo, en definitiva, pasa a ser sólo un estado mental.

Los Mavericks trabajaron con los relojes derretidos de Dalí. Entraron en un estado surrealista en el que la carga de los segundos se hizo pesada, como si al descomponerlos luego, se hubiese ralentizado el cuadro de situación.

El jueves por la noche, Dallas rompió la lógica de lo previsible. Consiguió el sueño de los héroes, beber agua de la fuente de la juventud para tener una nueva vida, para dejar las Finales de NBA igualadas a un juego por bando, con una vuelta en el marcador que incluyó un parcial de 20-2.

Y no es la primera vez que lo hacen, porque aprendieron de la ventaja que dejaron escapar ante los Portland Trail Blazers en la primera ronda de playoffs (18 puntos, ganaban por dos al arrancar el último cuarto) y se recuperaron ante Oklahoma City Thunder en Finales de Conferencia (perdían por 15 a falta de 4:48 y ganaron por siete el tiempo extra).

“Somos un equipo veterano y no nos vamos muy arriba con lo bueno ni muy abajo con lo malo”, dijo Dirk Nowitzki al cierre del juego.

Por lo tanto, conocemos el resultado decisivo, pero lo importante aquí es el camino hacia el fin.

Cuando Dwyane Wade clavó ese triple desde la esquina con 7:13 por jugar, y la diferencia se hizo de 15 puntos (88-73), entramos en un nuevo capítulo de la historia de playoffs. Wade, con un gesto desfachatado en el rostro, más de playground que de NBA, recibió, mientras volvía hacia el banco de suplentes, unos golpes de puño en el pecho por parte de LeBron James, quien segundos después regaló gestos a la tribuna señalando que los Mavericks no podían con su defensa.

Mientras se acercaban a Erick Spoelstra, Nowitzki los miró detenidamente al otro costado y materializó en palabras su pensamiento.

D-Wade, LeBron… todavía no escuché la campana.

Los Mavericks no fueron sólo Dirk en el cierre del partido. Acrecentaron la energía de Tyson Chandler -un jugador único para Rick Carlisle, no sólo es movedizo en la zona sino que carga al rebote ofensivo como nadie- y Shawn Marion, y empezaron a ajustar las tuercas en los dos costados de la cancha.

En esos 6:19 finales, anotaron 22 puntos contra sólo nueve de Miami. Tuvieron 9-10 en TC contra 1-10 de su rival. Y tomaron siete rebotes contra dos de la armada de la Florida.

Jason Terry anotó ocho puntos consecutivos (3-5 en TC, 2-2 en TL, un robo) dejando de lado los rumores sobre su muñeca lastimada. Y Dirk Nowitzki, quien se burló ante los ojos del mundo de la torcedura del tendón del dedo medio de la mano Tramadol Hcl izquierda, definió con zurda el partido ante la marca débil de Chris Bosh, convirtiendo nueve puntos de sus 24 en el cuarto definitorio.

Como nos informa el departamento de estadísticas de ESPN, la gesta de Nowitzki de nueve unidades consecutivas en el cuarto decisivo es la quinta vez que pasa en estos playoffs, los mejores de la historia. Algo más: había sucedido sólo una vez en las últimas siete postemporadas.

Lo de Dirk no termina ahí: anotó o asistió en 12 de las últimas 14 posesiones del juego, los Mavericks lanzaron 19-35 (54.3%) cuando el ala-pivote alemán tocó el balón, incluyendo (7-9) 77.8% en el último cuarto y mejoró notablemente su tiro en salto, a diferencia del Juego 1, al convertir 7-12 (58.3%).

LeBron James

Exijo una explicación: James no entiende cómo pudo hacer 0-4 en el último cuarto del juego

De todos modos, la razón crucial del avance es que los Mavericks comenzaron a girar el balón con precisión, haciendo subir al poste alto al tiro libre, algo que habían dejado de hacer en el tercer período. Con la pelota en su poder, Dallas decidió volver a atacar desde el centro, evitando hacer fácil la defensa estática con la pelota en las esquinas.

“Este es uno los períodos definitorios más duros que uno puede tener”, dijo Spoelstra, coach del Heat. “Cuando empezó a caer, siguió de la misma manera”.

Y si bien es cierto que el ataque de los Mavericks fue endemoniado, la verdadera razón del triunfo estuvo en el ajuste defensivo. Llevaron al Heat a un sinnúmero de equivocaciones en la ofensiva de mitad de cancha. Dejaron a LeBron, el hombre que ha sido el puñal de los cuartos decisivos para el Heat, con 0-4 en el último período, siendo este el dato anecdótico de una noche para el recuerdo.

¿Por qué la zona que utiliza Dallas es un elemento importante para continuar insistiendo? Por la simple razón de que el Heat es mucho más peligroso cuando ataca en penetración, o con tiros cercanos al aro, que cuando lo hace a distancia. En el cuarto decisivo, el ataque de los pupilos de Spoelstra se pareció mucho más a la versión inmadura del Heat que a la que vimos en playoffs: la pelota no circuló, los ataques fueron individualistas y los resultados quedaron a la vista.

El dato de apoyo nos los brinda el Elías Sports Bureau: entrando al último cuarto, Miami estaba 17-26 en una distancia más cercana a los 15 pies, con Wade haciendo 10-11. Durante el capítulo decisivo, el Heat lanzó cuatro de sus últimos 18 tiros dentro de los 15 pies. Y sólo uno en los últimos 6:19 de acción, una bandeja fallada por James.

“No ejecutamos bien en el cierre”, dijo Bosh. “No hay shock. Hay decepción. Pero la realidad es la realidad. Debemos ajustarnos a esto y enfocarnos en el partido que viene”.

Por lo tanto, todo tiene una explicación. En el deporte, el único lugar donde el sueño de regresar se hace posible, los Mavericks volvieron a experimentar la alegría que vivieron ante el Thunder en Finales de Conferencia. Se bañaron dos veces, o quizás tres, en el mismo río, siguieron peleando y sintieron vergüenza deportiva de elite cuando vieron al rival festejando antes de tiempo.

“Definitivamente una gran remontada para nosotros, nunca nos dimos por vencidos y eso es grande”, dijo Nowitzki.

Ahora, la serie viajará a Dallas, y con el nuevo formato 2-3-2, el equipo de Carlisle tiene la chance de cerrar el campeonato en casa.

Pero cuidado, no hay que confundirse: regresar no es una virtud de un único equipo y ahora es Miami el que tomará el toro por las astas.

Dicho esto, dejemos que sigan de esta manera las Finales de la NBA. Es otra muestra más de que el básquetbol es un deporte maravilloso e impredecible.

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