Publicado en: 04/08/2011

Los cables de Wikileaks y sus cosas interesantes

LOS CABLES
Los Wikileaks, al ser publicados en periódicos del mundo entero, pusieron en apuros la diplomacia norteamericana y resaltaron su bajo nivel de información, pero sobre todo de apreciación.

Así como la falta de seguridad en las dependencias del Departamento de Estado. Los cables dejaron mucho que desear, por lo poco edificantes, y hubo fricciones con gobiernos que con excusas más o menos complacientes fueron superadas.

El problema ahora es de si al australiano Julián Assange logran extraditarlo a Suecia o cae en manos de Estados Unidos, cuya actual administración persigue como ninguna anterior las filtraciones y entrega de documentos.

Cuando el entusiasmo se había calmado por doquier, y se suponía que les habían sacado todo el jugo, reaparecen por aquí como un fantasma al que se temía sin conocerse. Los Wikileaks nacionales se hicieron sospechosos, y los siguen siendo, pues medios mejor acreditados habían hecho la diligencia sin ningún resultado. Incluso, siendo asociados de uno de los cuatro periódicos seleccionados originalmente…

SUSPICACIAS
La apropiación del material levantó suspicacias, pues los cables –potencialmente– eran armas de destrucción masiva y los riesgos eran mayores que los rattings. Pero igual la forma como se maneja (o manejó), con discriminación y meladaganariamente.

Cuando en principio fueron a las manos de The Guardian, The New York Times, Le Monde y El País (que son diarios, pues Der Spiegel es semanario), las publicaciones se hicieron en días sucesivos y ninguno de sus directores se antojó vacacionar.

Eran demasiadas las primicias, en un tiempo en que la prensa de papel va perdiendo espacio frente a la electrónica, para posponer revelaciones que quemaban como pan sacado del horno. Aquí, después de los primeros estacazos, se siente un repliegue y hace más de una semana que no se entrega nada nuevo a un público ávido.

Lo preocupante es que ese silencio se produjo después de que hubo reacciones airadas y se dio rienda suelta a murmuraciones de todos los colores. Cada sector tuvo su interpretación, y todas iban de mal a peor…

LOS PALOS
Resulta interesante ver que a los informadores se les trata como a los esclavos que con sus brazos movían las carabelas en tiempos de Roma: palos si reman, y palos si no reman.

Suspicacia cuando empezaron a develar el material, y suspicacia ahora que se detienen. La verdadera razón de una cosa o de la otra no se conoce, pero las conjeturas suplen con explicaciones que ya quisieran para sí muchos novelistas. ¡Cuánto talento que se pierde en chismes de patio! Aunque no todo es equívoco, o equivocado.

Los autores o responsables de los Wikileaks de factura dominicana andan todavía por estos predios, tienen amigos de intimidad y entre tragos confiesan sus “pecados”. No por arrepentimiento, claro está, pero sí buscando perdón, o por lo menos simpatías.

Esa sería la otra cara de la moneda, reveladora de igual grado, pues permite apreciar los alcances del juego. Si pasan de mil los cables ¿por qué el interés duró tan poco? ¿Por qué pararon la música cuando las parejas de baile llegaban al medio del salón? ¿Cómo se explica, incluso, ese sentido de compensación, en que a uno que afectaba al PRD le seguía otro que perjudica al PLD?

LO SABIDO
Entre las cosas interesantes de los Wikileaks estuvo que las informaciones que trajeron, por lo menos las que se han publicado hasta ahora, no resultaron nuevas ni extrañas para quienes forman parte del núcleo de los bien enterados.

De todas esas ocurrencias se hablaba en los bares, en las cafeterías, en las esquinas y en cualquier lugar donde se juntaran dos o tres dominicanos. Incluso, en los alternativos digitales o programas de radio, de esos en que no se ejerce control, fueron referidos con la irresponsabilidad que los caracteriza. La audacia hace mucho que sustituyó a la verdad. Los medios formales se quedaron al margen de esas confidencias o delaciones porque no disponían de pruebas. Se temía tener que ir a dar cuenta a los tribunales.

Sin embargo, ahora se publican por igual, sin pruebas, y con el único aval de que figuran en un cable de la embajada norteamericana. Con ese sello no se necesita de más nada. Quienes se sientan agraviados por las acusaciones o consideraciones, no pueden recurrir al medio local, sino a Washington…

Publicidad Pagada

anuncie