Publicado en: 19/02/2018

Lo que mejor funciona es aceptar tu torpeza

Una de las desgracias de ser humano es que los nervios tienen una manera de centrar tu atención en tu persona.

¿Te ha sucedido que, de pronto, alguien se te acerca y tú te mueves hacia un lado, pero esa persona también lo hace, entonces te mueves hacia el lado contrario, y sucede lo mismo y repites esta danza hasta que inevitablemente uno de los dos dice: “¿Bailamos?”.

Momentos incómodos como ese pueden inducir al pánico y, a juzgar por la cantidad de libros, artículos y videos al respecto que han surgido en los últimos años, está lejos de ser una preocupación individual. Muchos de ellos intentan ofrecer consejos tan específicos que resulta ofensivo: no dejes que el silencio en una conversación dure más de cuatro segundos; memoriza esta sencilla fórmula para finalizar una conversación cortésmente: “Resumen del contenido, justificación, declaración positiva de afecto, continuidad y buenos deseos”; inclina la cabeza y apunta los pies hacia las personas con quienes conversas para demostrar que estás interesado en lo que dicen.

Hay algo reconfortante sobre este tipo de consejos normativos, en especial porque suelen estar respaldados por la dulce certeza de los estudios. Haz exactamente esto, esto y esto, ¡y nunca más te volverás a sentir incómodo! Sin embargo, en la práctica, toda esta concentración en tus movimientos y palabras solo logrará que te sientas demasiado autoconsciente, ¿cierto?

Se trata de una versión de lo que los investigadores en el campo de la psicología llaman teoría de monitoreo explícito, un concepto que a menudo se emplea en el deporte. Básicamente, se trata de lo siguiente: enfocarse en los detalles es una forma que tienen los novatos de aprender los conocimientos básicos de una habilidad o un deporte, pero cuando un deportista con experiencia se esfuerza demasiado en pensar lo que está haciendo puede equivocarse.

Los psicólogos tienen un excelente cuestionario cuyo objetivo es medir la probabilidad que tienen las personas de equivocarse al estar bajo presión; quienes tienen mayores probabilidades tienden a coincidir con declaraciones como las siguientes:

“Pongo total atención a cómo me veo al moverme”.

“Me preocupa lo que piensa la gente de mí cuando me muevo”.

“Si veo mi reflejo en la vitrina de alguna tienda, analizo mis movimientos”.

Pero esta teoría de la psicología también es un concepto útil para el individuo autoconsciente que no es atleta, en parte porque ofrece una nueva forma de concebir nuestra conciencia. Su propósito no es torturarte, sino ayudarte a aprender.

“Si estás aprendiendo a jugar tenis, por supuesto que como principiante debes pensar ‘¿Dónde pongo los pies? ¿Cómo sostengo la raqueta?’”, señaló Roy Baumeister, psicólogo social de la Universidad Estatal de Florida, cuya investigación en el tema ha ayudado al desarrollo de la teoría. Comienzas por enfocarte en los detalles: párate aquí, sostenla así.

“Así que, si no sabes cómo actuar en una entrevista de trabajo, es probable que si tienes algo que te recuerde cosas como ‘siéntate erguido, haz contacto visual’ y todos esos detalles, sea de utilidad”, comentó Baumeister. Cuando eres nuevo en algo, a menudo es necesario enfocarse en las minucias de lo que se dice y cómo se actúa.

“Pero, con el tiempo, se vuelve cada vez más automático e incluso dejas de estar consciente de lo que haces”, continuó Baumeister.

Una de las desgracias de ser humano es que los nervios tienen una manera de centrar tu atención en tu persona, incluso si acabas de entrar en una fiesta sin la intención de monitorear mentalmente cada palabra y cada gesto que haces.

“Cuando estamos ansiosos, volcamos la atención hacia nuestro interior: ‘¿Estoy dando una buena impresión?’ o ‘Acaban de moverse en sus asientos, ¿significa que están aburridos?’ o ‘Por Dios, lo que acabo de decir suena absolutamente absurdo, ¿por qué lo dije?’”, afirmó Ellen Hendriksen, psicóloga clínica del Centro de Estudios de Ansiedad y Trastornos Relacionados de la Universidad de Boston. Hendriksen también es autora de How to Be Yourself, un libro que analiza la ansiedad social.

“Enfocamos nuestra atención en nuestro interior, en nosotros mismos, en nuestro cuerpo”, dijo.

El problema es que nuestro cerebro solo puede poner atención a ciertas cosas a la vez, explicó Sian Beilock, científica cognitiva y rectora del Barnard College. Piensa en ese incómodo momento en el ascensor con el director ejecutivo de tu empresa, cuando tu mente se puso en blanco con las cosas más sencillas porque intentabas con todas tus fuerzas idear algo qué decir (“¿Cómo es que funcionan los botones del ascensor?”).

“Nuestra capacidad de concentrarnos en las cosas es limitada, por lo que no es buena idea conducir mientras se habla por el móvil, porque te distrae”, dijo Beilock, cuya investigación de la teoría de monitoreo explícito contribuyó a inspirar Choke, su libro de 2010 que trata el tema. Intentar hacer algo mientras te preocupas por la forma en que lo estás haciendo equivale a hacer dos cosas a la vez, añadió. Una de esas actividades sufrirá las consecuencias.

En vez de preguntarte “¿Por qué soy tan torpe?”, pregúntate “¿En qué me estoy concentrando?”. La mayoría de las veces nuestra torpeza es autoinducida, pues pensamos excesivamente sobre nuestra conducta, de modo que se convierte en nuestro único objetivo. Hendriksen tiene un pequeño experimento que, en ocasiones, practica con sus pacientes que sufren de ansiedad social.

“Sostén dos conversaciones separadas, con quien sea. Puede tratarse de alguien en una gasolinera, un colega o tu barista. Quien sea”, dijo. “Y en una de esas conversaciones concéntrate solo en ti, en ti, en ti. Concéntrate en la forma en que caminas, lo que sucede en tu cuerpo, monitorea lo que dices”.

“Y luego, en la segunda conversación, enfócate en ellos, en ellos, en ellos”, agregó. A continuación pregúntate: ¿Qué conversación fue más placentera? ¿Y en cuál te sentiste más cómodo?

“Inevitablemente, la gente se siente más cómoda en la segunda conversación”, aseveró.

Hay otro concepto del mundo del deporte que también es de ayuda: mantente enfocado en la meta y no en el proceso. Para evitar ese torbellino de concentración en uno mismo durante una entrevista de trabajo, por ejemplo, concéntrate en tres cosas que te gustaría transmitir.

“Puedes enfocarte en eso en lugar de la manera en que mueves los labios o cómo colocas las manos”, dijo Beilock.

¿Sabes qué otra cosa ayuda? Tomárselo con calma.

“Creo que las reglas no solo ocupan todo nuestro ancho de banda, sino que también establecen un límite inalcanzable en el que te repites: ‘Debo mantener una postura de poder, hacer contacto visual y hablar lentamente”, señaló Hendriksen. “Y creo que genera esta idea de que fallarás si no haces todo eso a la perfección”.

No pasa nada si bajas un poquito el estándar. Derramarás vino sobre alguien. Alguien derramará vino sobre ti. Sobrevivirás. Pero vivirás un poco más feliz en esos momentos si logras reírte de ellos.

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