Publicado en: 03/09/2011

La rebelión en el PRD, reparto de cargos e ilusión

La “dimisión” del dirigente perredeísta Julio Maríñez no afecta electoralmente a Hipólito Mejía. Si como dice era una figura decorativa, y no estaba haciendo el trabajo de subdirector Nacional de Campaña, su renuncia no altera los escenarios, ni la logística, y mucho menos la estrategia.

Al contrario: la campaña gana en confianza. Maríñez, no hay dudas, era una potencial quinta columna. Su adhesión, su fervor y su lealtad no tienen como destinatario al candidato Mejía. Sin darse cuenta, se quedó llorando en el campo de batalla una derrota que juzga injusta, ingrata, y de la cual no hay forma de que pueda reponerse.

Dice el jefe de campaña, César Cedeño, que la carta todavía ayer en la mañana no había llegado a sus manos, aun cuando se le menciona entre las copias enviadas. El hecho es extraño, pues la Alberto Larancuent No. 8 es una calle casi perdida, pero en la parte más céntrica del polígono central.

Los perredeístas que no ubican al comando de Hipólito es porque –sencillamente– no están en campaña…

LOS MEDIOS
El hecho de que la carta no hubiera llegado a manos de Cedeño parece extraño, pero de verdad no lo es. Como que tampoco fuera recibida por el candidato Hipólito Mejía.

La intención al escribirla no era enterar a Cedeño ni a su jefe político de una situación que debían conocer, sino a la opinión pública nacional. Los periódicos impresos y digitales, y los demás medios de comunicación, tienen el documento desde el miércoles en la mañana. En la tarde de ese día el despliegue era amplio y ya ayer –jueves– se le asociaba con otra renuncia de jefatura de campaña.

La del síndico de San Cristóbal, Raúl Mondesí, que igualmente es un resabio, pero de otra naturaleza. Tiene que ver con las bellaquerías que se hicieron entre sí los perredeístas el pasado 16 de agosto en la conformación de los bufetes directivos de los ayuntamientos.

Es decir, que se hace más que evidente la intención de llevar al ánimo público que hay crisis en el PRD y problemas en la campaña de Mejía. El propósito, por tanto, se logró. El candidato tiene fuego por arriba, pero también por abajo… DE ÉL La carta, haya llegado o no a sus destinatarios, es importante.

La escribió y firmó el vicepresidente del PRD Julio Maríñez, pero es como si la hubiera escrito y firmado el presidente de ese partido, Miguel Vargas. No hay porqué llamarse a engaño o asumir la apariencia cuando se tiene la realidad. El documento –insisto– es importante porque confirma que más que disgusto, entre los seguidores de Miguel Vargas hay una rebelión.

Pero igual confirma que la insurrección tiene cabeza, de que no se trata de simples escarceos, sino de un movimiento con objetivos muy claros. Juntando los chismecitos de compañeros por aquí y por allá se origina un chisme grande, tan grande que hay quienes deliran con la posibilidad de desestabilizar la campaña de Mejía.

Maquiavelo no se puso el uniforme y jugó en el equipo de Vargas en la interna, pero sí ahora. El fin justifica los medios. Si las cosas siguen como van, el sector de Vargas no tiene presente y tampoco futuro. Los seguidores de Mejía se bastan a sí mismos. No necesitan de nadie para ganar y ya se repartieron los altos cargos…

LOS SUPUESTOS
El cuarto párrafo de la carta de Julio Maríñez lo dice todo. Los partidarios de Miguel Vargas no tienen nada que buscar en la campaña, pues los acólitos del candidato Mejía se apropiaron de las mejores posiciones en el Comando y por igual, se distribuyeron los puestos más importantes en el futuro gobierno: “…una prepotencia triunfalista, en la que se les deja claro a los compañeros seguidores de Miguel Vargas que no son necesarios para ganar las elecciones…, mientras entre sus seguidores se habla del reparto de un gabinete que aún no se ha ganado”. Es decir, que la supuesta irracionalidad de la gente de Mejía da lugar a otra irracionalidad, más determinante, de parte de los conmilitones de Vargas.

No importa el partido, la campaña, el candidato o alcanzar el poder. Lo decisivo por el momento es dónde colocan a cada cual ahora y qué le garantizan si se ganan las elecciones. El triunfalismo no es malo si funciona como acicate, pues en la vida (en todo) se necesita motivación. El reparto, en cambio, es ilusión. Las palomas todavía están volando. Continuará…

Publicidad Pagada

anuncie