Publicado en: 19/07/2018

La necesaria defensa de los valores humanitarios de Canadá

Doug Ford, recientemente elegido primer ministro de la provincia de Ontario.

TORONTO, Ont. Canadá.- La llegada de Doug Ford, un político de derecha al gobierno de Ontario, que es la provincia más populosa de Canadá, se ha traducido en una negativa a colaborar con Ottawa en el tratamiento de los demandantes de asilo.

Carente de una idea clara sobre cuáles son los compromisos internacionales de Canadá en materia de refugiados, y más preocupado por abaratar el costo de la cerveza en la provincia de Ontario, su gobierno se encuentra en camino de un inminente choque de valores con el gobierno federal, encabezado por el primer ministro liberal, Justin Trudeau.

Para ilustrar esta brecha ideológica entre una derecha canadiense de clara tendencia anti-inmigrante y las políticas del gobierno liberal federal de apertura a la inmigración y los refugiados, el periódico Toronto Star dedicó un editorial al tema.

Si el objetivo del nuevo gobierno de Ontario era sabotear el sistema de refugiados de Canadá, no podría hacerlo mejor que lo que ha hecho con sus rabietas durante la semana pasada, destaca el periódico canadiense.

La situación se degradó bastante cuando el gobierno de Doug Ford anunció que no cooperaría ni con el gobierno federal en Ottawa ni con la alcaldía de Toronto para administrar la llegada desde Estados Unidos de solicitantes de asilo.

Se trata de una situación que está poniendo enorme presión sobre el sistema de provisión de albergue en la ciudad. Esta actitud de Ford rompe un acuerdo federal-provincial y deja a Toronto enfrentando sola la situación.

La situación empeoró cuando Lisa MacLeod, la ministra provincial de inmigración, abandonó sus responsabilidades para arreglar un sistema de refugio que su gobierno se puso a atacar con gran contentamiento.

Ella abandonó repentinamente una reunión con sus homólogos federales y provinciales en la que se abordaba el tema de la inmigración y los refugiados. Empeorando la situación, de manera petulante, Lisa MacLeod se negó a firmar el comunicado final.

Tanto teatro se debió a que la ministra provincial de inmigración se sintió ofendida cuando el ministro federal de Inmigración, Ahmed Hussen, llamó la atención al gobierno de Ontario por su lenguaje “divisivo” y “peligroso” en el tema de los solicitantes de asilo.

El ministro federal de Inmigración, Ahmed Hussen, tenía razón en llamar la atención al gobierno de Ontario, especialmente porque todo lo que el gobierno de Ford ha traído a la mesa es un lenguaje engañoso e incendiario sobre los “ilegales” que cruzan la frontera de Canadá.

Un oficial de la Real Policía Montada de Canadá informa a los migrantes de sus derechos en la frontera de Saint-Bernard-de-Lacolle, el 7 de agosto de 2017. (Foto: Charles Krupa / Prensa Asociada)

Ante la falta de un socio voluntario, el gobierno federal de Canadá ha optado sensatamente por eludir el gobierno de la provincia para trabajar directamente con la alcaldía de Toronto a fin de alojar a los solicitantes de refugio. Esta semana prometió enviar rápidamente 11 millones de dólares en ayuda, que anteriormente fue prometida para toda la provincia, directamente a Toronto.

Esa es una buena noticia. La ciudad ha estado esperando la ayuda federal durante meses mientras lucha por albergar a miles de solicitantes de refugio, la mitad de los cuales son niños.

Ottawa también prometió que ese dinero es sólo el principio. La ciudad estima que gastará unos 65 millones de dólares hasta fines del año, brindando alojamiento y alimento a los solicitantes de refugio en Canadá, que son responsabilidad de Ottawa.

A diferencia del gobierno de Ford, que no ha dicho nada más que sandeces y no ha hecho nada para ayudar, el gobierno de Trudeau ha dicho cosas adecuadas sobre el tema pero ha hecho muy poco para resolver la situación. Por lo tanto, los partidos de la oposición federal tienen razón al presionar para que se tomen más medidas.

Empujado por el Nuevo Partido Democrático (NPD) y los conservadores, el Comité de inmigración de la Cámara de los Comunes celebrará dos reuniones más antes de principios de agosto para discutir las preocupaciones sobre la afluencia de solicitantes de asilo provenientes de Estados Unidos.

Esto mantendrá el tema sobre la mesa, ayudará a aclarar conceptos erróneos e impulsará soluciones a los problemas pendientes tanto a nivel provincial como municipal.

A pesar de que el número de personas que cruzan la frontera de forma irregular está disminuyendo, Ottawa puede hacer mucho para aliviar la presión sobre los servicios provinciales y municipales.

Canadá también debe aumentar el financiamiento y el personal de la Comisión de Inmigración y del Estatuto de Refugiado de Canadá para acelerar la tramitación de las solicitudes de asilo. Esta entidad tiene en retraso el tratamiento de unos 50.000 casos.

La gente no debería permanecer en un limbo, durmiendo en camas de refugio, durante 20 meses en promedio, esperando que su solicitud de asilo sea simplemente escuchada, sin hablar de una resolución.

Por su parte, los canadienses necesitan tener la seguridad de que aquellos solicitantes de asilo cuya demanda sea negada, sean rápidamente deportados.

Ottawa también debería suspender su Acuerdo de Tercer País Seguro firmado con Estados Unidos.

Ese tratado, que establece que la mayoría de los refugiados que llegan primero a Estados Unidos no pueden solicitar asilo en Canadá, fue firmado en 2004. Eso fue mucho antes de que las acciones del gobierno de Donald Trump degraden el respeto a los derechos humanos básicos de los solicitantes de refugio, incluyendo más recientemente la práctica indescriptiblemente cruel de separar a los niños de sus padres.

Todo lo que ese Acuerdo de Tercer País Seguro está haciendo ahora es obligar a la gente a cruzar la frontera entre Canadá y Estados Unidos de manera irregular cerca de Montreal.

Como dijo esta semana la crítica de inmigración del Nuevo Partido Democrático, Jenny Kwan, el país que gobierna Donald Trump no es un “país seguro”. Y hasta que esa situación cambie, Ottawa debe trabajar en estrecha colaboración con las provincias y los municipios para aliviar las tensiones que la llegada de solicitantes de refugio está causando.

Y para que eso suceda, Doug Ford y Lisa MacLeod deben dejar de jugar a la política a expensas de los valores y tradiciones humanitarias de Canadá, dice finalmente el editorial del periódico canadiense Toronto Star.

Por Rufo Valencia/RCI

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