Publicado en: 12/07/2011

La muerte de Guzmán y la fatalidad del PRD

“¿Pero la presidencia de don Antonio está segura? Si es así, no hay problema, porque a don Antonio le va a ir mejor con un Senado controlado por Balaguer, que con uno controlado por Salvador Jorge Blanco.”

Con esa conversación secreta, se le dio luz verde a un acuerdo político propiciado por la administración de Jimmy Carter, con el entonces Presidente de Venezuela Carlos Andrés Pérez, el Dr. Joaquín Balaguer y un sector del PRD, para solucionar la crisis política-militar desatada a raíz de la interrupción, por parte de los militares, del conteo de votos de las elecciones del 16 de mayo de 1978.

Esa negociación secreta fue la causa real del llamado “fallo histórico” que diera la Junta Central Electoral, cometiendo la barbaridad de otorgarle abusiva y arbitrariamente cuatro senadores al Partido Reformista que no había ganado, con lo que mi padre, Dr. Marino Vinicio Castillo, abogado de dicho partido en las impugnaciones ante la Junta Central Electoral, no estuvo de acuerdo en lo absoluto y así lo hizo constar públicamente.

La expresión citada de parte de una persona de la estrecha confianza y cercanía del Presidente Guzmán, revelaba el grado de enemistad personal existente éste y quien había sido electo en esas mismas elecciones Senador del Distrito, Dr. Salvador Jorge Blanco. Fue esa animadversión mutua y antigua, entre Guzmán y Jorge Blanco, la que el pueblo vio posteriormente cómo se reflejó en el desastre total de la lucha de tendencias, tanto dentro del Gobierno de Guzmán, como de sus relaciones con el Partido Revolucionario Dominicano.

El PRD, cuyo Aniversario 50 de llegar al país se conmemoró la semana recién transcurrida, le hizo la vida imposible a don Antonio. El famoso “cambio sin violencia”, que llegara como la esperanza nacional más pura para esta nación, degeneró rápidamente en la rapaz voracidad de ese partido sobre el Estado Dominicano ¸ convirtiendo éste en un gigantesco huacal de botellas parasitarias que se engulló todos los recursos con que el Dr. Balaguer había construido de cabo a rabo este país, en los 12 años de su gobierno.

Antonio Guzmán terminó suicidándose por temor a Salvador Jorge Blanco, como describe Balaguer en su libro “Memorias de un Cortesano en la Era de Trujillo”, al relatar una conversación con el entonces Presidente: “Ya sólo, el Presidente Guzmán se desahogó conmigo y me expuso, entre otras cosas íntimas, la preocupación por los posibles resultados de las elecciones que debían tener lugar en mayo de ese mismo año.

Le atormentaba, sobre todo, la posibilidad del triunfo en esa contienda electoral del Dr. Salvador Jorge Blanco.” Salvador Jorge Blanco, con la consigna de las “manos limpias” aludía la corrupción rampante del gobierno de Guzmán. Prometió “gobierno honesto” y la llamada “democracia económica” que iban a brindarle al pueblo dominicano las llamadas “generaciones jóvenes y capaces”.

El resultado de esa estafa política no se hizo esperar. En abril del 1984, el gobierno del PRD ahogaba en sangre, con las bayonetas del ejército, a las clases más humildes que protestaron por el aumento en el costo de la vida ante la indiferencia de un Presidente que a las 12 del día, cuando los muertos sobrepasaban la veintena, al ser consultado por los periodistas, les pidió que “le hablaran de pelota”.

El segundo gobierno del PRD concluyó en un repudio total del país, reivindicando políticamente con sus inconductas y trapacerías al anciano líder reformista Joaquín Balaguer, quien retornó al poder en el año 1986.

El Dr. Salvador Jorge Blanco fue juzgado y condenado por corrupción junto a un grupo de funcionarios y muchos otros huyeron de la justicia, hasta el sol de hoy, como el famoso conocido como Jim White, residente en el Estado de Florida.

La fatalidad que ha acompañado al PRD en su ejercicio en el poder esperó catorce años para repetirse. Hipólito Mejía se vendió ante el país como el hombre serio, de palabra, que resolvería los principales problemas de la nación y acabaría “con la maldita corruptela y el narcotráfico”.

Se le dijo al hombre del campo que la leyenda del “Ministro de Agricultura de Guzmán” resolvería todos sus problemas.

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