Publicado en: 17/06/2011

La lucha del Estado palestino

A pesar de la negativa estadounidense, autoridades palestinas abogarán, una vez más, por su reconocimiento en el marco de la Organización de Naciones Unidas.

La Autoridad Nacional Palestina (ANP), dirigida por Mahmud Abbas, solicitará en septiembre la aprobación del Estado palestino a la Organización de Naciones Unidas (ONU). A pesar del rotundo rechazo del presidente estadounidense Barack Obama, la comunidad internacional expresa un fuerte apoyo al pueblo palestino.

Tras la reconciliación de la Organización de la Resistencia Islámica (Hamas) y el Movimiento de Liberación de Palestina al-Fatah, Israel endureció su postura de reconocimiento al Estado palestino. Según la agencia de noticias Europa Press, el Estado israelí denunció el acuerdo y expresó públicamente que “no va a negociar con los terroristas de Hamas, que no reconocen el derecho de Israel a existir”.

Según el diario argentino Página/12, el Presidente de Israel Shimon Perez habría expresado a su par argentina Cristina Fernández que su país “aprueba la creación (del Estado palestino), pero que Israel distingue entre la zona que gobierna Abbas y la Franja de Gaza, donde manda Hamas, facción terrorista con la que no hay ninguna posibilidad de diálogo”.

La postura israelí se encuentra respaldada por su aliado histórico, Estados Unidos porque aunque el presidente Barack Obama, en un principio había incitado a Israel a reconocer las fronteras anteriores a la guerra de 1967 -conflicto en el que las tropas israelíes ocuparon los territorios árabes de Cisjordania, Gaza, Jerusalén este, la meseta siria del Golán y el Sinaí, devuelto a Egipto en 1982-, se desentendió de sus dichos días más tarde en claro detrimento de las pretensiones palestinas.

Las manifestaciones iniciales de Barack Obama, realizadas el 19 de mayo de este 2011, provocaron la respuesta inmediata del primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, quien sostuvo que las fronteras fijadas antes de 1967 son “indefendibles”.

Tras el público desacuerdo del funcionario, Obama optó por reafirmar el compromiso con el pueblo judío ante el Comité de Asuntos Públicos Americano-Israelí: “como dije el año pasado en las Naciones Unidas, la existencia de Israel no debe ser tema de discusión, y los esfuerzos por mermar la legitimidad de Israel sólo se enfrentarán con la inquebrantable oposición de Estados Unidos”.

Además el Presidente de Estados Unidos dejó en claro su postura acerca del posible pedido de los dirigentes palestinos a la ONU y remarcó: “ninguna votación en las Naciones Unidas creará un Estado palestino independiente”.

Es importante destacar que para que el Estado palestino se convierta en miembro de las Naciones Unidas necesita el apoyo del Consejo de Seguridad, organismo en el que el Estados Unidos, al ser miembro permanente, tiene capacidad de veto.

Al respecto, según el sitio web palestinalibre.org, el presidente de la Asamblea General de la ONU, Joseph Deiss, sostuvo que “la ANP no podría entrar en Naciones Unidas en caso de que Estados Unidos ejerza su derecho a veto en el Consejo de Seguridad”.

En caso de que esto no suceda, se necesitarán 9 votos sobre los 15 que conforman el Consejo. Superada esa etapa, la Asamblea General deberá debatir el reconocimiento de Palestina como Estado independiente, que sería aprobado sólo si contase con el apoyo de dos tercios de los Estados miembro.

Por su parte la máxima autoridad palestina, Mahmud Abbas, publicó un artículo en el periódico The New York Times en el que reafirmó “en septiembre, en la Asamblea General de las Naciones Unidas, se realizará el pedido formal de reconocimiento del Estado de Palestina, según las fronteras fijadas en 1967, para poder ser admitido como Estado miembro de las Naciones Unidas”.

También pidió a los miembros de la ONU que votaran a favor para asegurar un “futuro de esperanza y dignidad a su gente” y sostuvo que el reconocimiento tiene un gran valor para todos los palestinos ya que significaría un cambio en el estado legal del conflicto con Israel, permitiendo presentar quejas ante organizaciones internacionales, incluida la Corte Internacional de Justicia.

Uno de los principales conflictos, mencionado por Abbas en el artículo, es la construcción de asentamientos por parte de Israel en territorios palestinos ocupados, principalmente en Jerusalén Este.

El portavoz de la máxima autoridad de ANP, Nabil Abu Rdainah, manifestó a la agencia Reuters, tras las declaraciones del primer ministro israelí, que irán a las Naciones Unidas: “especialmente ahora Netanyahu ha usado el viejo pretexto de que necesita `fronteras defendibles` para seguir robándonos nuestro territorio, controlar el Valle del Jordán y crear hechos demográficos sobre el terreno”.

Desde la Oficina de Coordinación de Derechos Humanitarios de la ONU se dio a conocer en el mes de mayo, un nuevo documento en el que se califica a las construcciones como un problema “porque consumen las tierras y los recursos”.

En ese sentido, el autor del informe, Ray Dolphin, expresó que “en particular, los asentamientos en medio de zonas residenciales palestinas son doblemente problemáticos porque, además de alejarlos de sus tierras, crean fricciones”.

La soberanía palestina es reconocida por más de un centenar de países miembros de la ONU, muchos de ellos latinoamericanos.

A fines de marzo de este año, durante la “Reunión de las Naciones Unidas para América Latina y el Caribe en apoyo a la paz israelo-palestina” realizada en Montevideo, se ratificó el reconocimiento de 112 países a Palestina como Estado libre, independiente y soberano.

Desde el 3 de diciembre de 2010, Brasil primero y luego Argentina, Bolivia, Ecuador, Chile, Perú y Uruguay reconocieron el Estado palestino. Venezuela, Cuba, Nicaragua y Costa Rica hicieron con aterioridad.

Solo queda por saber si en la ONU se respetará la voluntad mayoritaria o si el poder de veto de las potencias centrales seguirá reinando por sobre los mecanismos democráticos.

También pidió a los miembros de la ONU que votaran a favor para asegurar un “futuro de esperanza y dignidad a su gente” y sostuvo que el reconocimiento tiene un gran valor para todos los palestinos ya que significaría un cambio en el estado legal del conflicto con Israel, permitiendo presentar quejas ante organizaciones internacionales, incluida la Corte Internacional de Justicia.

Uno de los principales conflictos, mencionado por Abbas en el artículo, es la construcción de asentamientos por parte de Israel en territorios palestinos ocupados, principalmente en Jerusalén Este.

El portavoz de la máxima autoridad de ANP, Nabil Abu Rdainah, manifestó a la agencia Reuters, tras las declaraciones del primer ministro israelí, que irán a las Naciones Unidas: “especialmente ahora Netanyahu ha usado el viejo pretexto de que necesita `fronteras defendibles` para seguir robándonos nuestro territorio, controlar el Valle del Jordán y crear hechos demográficos sobre el terreno”.

Desde la Oficina de Coordinación de Derechos Humanitarios de la ONU se dio a conocer en el mes de mayo, un nuevo documento en el que se califica a las construcciones como un problema “porque consumen las tierras y los recursos”.

En ese sentido, el autor del informe, Ray Dolphin, expresó que “en particular, los asentamientos en medio de zonas residenciales palestinas son doblemente problemáticos porque, además de alejarlos de sus tierras, crean fricciones”.

La soberanía palestina es reconocida por más de un centenar de países miembros de la ONU, muchos de ellos latinoamericanos.

A fines de marzo de este año, durante la “Reunión de las Naciones Unidas para América Latina y el Caribe en apoyo a la paz israelo-palestina” realizada en Montevideo, se ratificó el reconocimiento de 112 países a Palestina como Estado libre, independiente y soberano.

Desde el 3 de diciembre de 2010, Brasil primero y luego Argentina, Bolivia, Ecuador, Chile, Perú y Uruguay reconocieron el Estado palestino. Venezuela, Cuba, Nicaragua y Costa Rica hicieron con aterioridad.

Solo queda por saber si en la ONU se respetará la voluntad mayoritaria o si el poder de veto de las potencias centrales seguirá reinando por sobre los mecanismos democráticos.

 

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