Publicado en: 22/07/2011

La eurozona camina hacia un fondo monetario europeo, en medio de un campo minado

Evangelos Venizelos

Ministro de Economia griego, Evangelos Venizelos

BRUSELAS (AFP).- Los mercados saludaban este viernes el plan de rescate de Grecia mediante un incipiente fondo monetario europeo, aunque las persisten dudas sobre la solidez de un plan que podría ser tachado de suspensión de pagos por las agencias calificadoras.

“Europa ha dado un gran paso. La crisis no ha terminado, pero a corto plazo, el riesgo soberano disminuye claramente para el sistema financiero”, escribió en una nota la casa de corretaje Aurel BGC. Así lo interpretaron los mercados, con un segundo día consecutivo de alzas en las Bolsas europeas y ganancias en Asia, que llegaron al 1,22% en Tokio y al 2,08% en Hong Kong.

“La crisis puede no haber terminado, pero los líderes de la Eurozona parecen haberse resuelto a un proyecto de solución de crisis más estructural: una combinación de solidaridad en la Eurozona, con un toque de reestructuración de deuda”, apunta en una nota el analista Carsten Brzeski, del banco ING.

Al cabo de una maratoniana cumbre el jueves en Bruselas, los líderes de los 17 países de la acordaron un nuevo paquete de rescate para Grecia, de casi 160.000 millones de euros, con una fuerte contribución de los acreedores privados.

El primer paquete, de 110.000 millones, acordado el año pasado por la Unión Europea, el Banco Central Europeo (BCE) y el Fondo Monetario Internacional (FMI), resultó insuficiente para alejar el espectro de la quiebra y la presión sobre otros países muy endeudados, como Italia y España.

Como medida inmediata de choque, la Eurozona decidió ampliar los plazos de reembolso y reducir los intereses de los préstamos a Grecia, además de Portugal e Irlanda, los otros dos miembros del euro que ya se beneficiaron de planes de rescate.

Pero la medida más espectacular fue la decisión de dotar al fondo de ayuda de la eurozona de nuevas competencias, con las que busca atajar una crisis de la deuda que amenaza con estrangular la financiación de varios países.

Así, tomando el relevo del BCE, la Facilidad Europea de Estabilidad Financiera (FEEF) podrá comprar deuda pública de países en dificultad, para aliviar la presión sobre esos títulos.

El FEEF también podrá, aunque con condiciones, conceder a los Estados líneas de crédito preventivas como lo hace el FMI, o prestar dinero a gobiernos de la zona euro, incluso si no han solicitado un plan de ayuda, para que puedan recapitalizar a sus bancos.

Después de varias semanas en las que proliferaron propuestas contradictorias, el presidente francés, Nicolas Sarkozy, anunció tras la cumbre que París y Berlín harán de aquí a septiembre propuestas para “avanzar en la gobernanza económica” de la zona euro.

El problema: en el comunicado adoptado por los líderes de la Eurozona “no se dice nada del riesgo probable de que tal o cual forma de contribución del sector privado sea calificada de default por las agencias de calificación”, apunta la casa de corretaje Oddo Securities.

Una de las principales inquietudes en caso de default es la activación de los seguros de impago soberano, los CDS, que ascienden a billones de dólares y podrían tener efectos catastróficos en el sistema financiero mundial.

El otro problema era que, en caso de default, el BCE cumpla su amenaza de dejar de aceptar como garantía los bonos griegos para seguir financiando a los bancos de ese país, absolutamente dependientes del instituto emisor.

El ministro francés de Finanzas, François Baroin, se esforzó en calmar los ánimos.

“Aunque las agencias de calificación tomen esa decisión (declarar a Grecia en default), el BCE seguirá cumpliendo su papel central de prestamista”, añadiendo que el fondo europeo de rescate “es más flexible y podría intervenir por precaución para impedir todo ataque de los inversores o los especuladores”.

Su homólogo griego, Evangelos Venizelos, dijo este viernes que los bancos de su país “están garantizados y asegurados”.

Baroin descartó tajantemente que, exceptuando a Grecia, el sector privado (bancos, aseguradores, fondos de pensión, de inversiones y especulativos) pueda ser llamado a salvar a otros países de la zona euro.

El segundo rescate de Grecia, de un monto total de 158.600 millones de euros en el trienio 2011-2014, prevé una contribución del sector privado de casi 50.000 millones. El banco ING estima que las cuatro opciones barajadas supondrán una pérdida del 21% del valor nominal de los bonos griegos.

Según el primer ministro griego, Giorgos Papandreou, el nuevo paquete permitirá reducir en 26.000 millones de euros, de aquí a 2014, una deuda pública que de momento supera los 350.000 millones (más del 150% del PIB).

“Ahora, el default griego no es sólo una posibilidad, sino casi una certeza (…). La reacción natural es preguntarse por qué los tenedores de obligaciones de los demás países excesivamente endeudados no podrían sufrir también una pérdida”, incide Oddo Securities.

En esa línea, los analistas de ING temen que “los esfuerzos para evitar el contagio podrían no ser suficientes”.

La actual capacidad de préstamos del FEEF, de 440.000 millones de euros, que se mantiene en su nivel, “no será suficiente para apoyar a España e Italia. La creación de un eurobono será el siguiente paso deseado”, comenta el analista Alessandro Giansanti.

La solución del eurobono, defendida por los federalistas europeos, se presenta políticamente difícil, ya que por el momento Alemania se opone a una mutualización de los riesgos de la deuda.

En el caso de emisión de eurobonos, el rendimiento exigido por los mercados sería una media de los países participantes. De esa manera aumentaría el coste de financiación para Alemania, cuyas tasas bajaron en las últimas semanas, al consolidarse el Bund alemán como un valor seguro en momentos de crisis.

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