Publicado en: 22/04/2011

Jugar para creerse ‘grandesligas’

MBL_LogoEn algún momento, la única manera de saber si una persona era “grandesligas” se daba cuando su nombre aparecía en la enciclopedia del béisbol, y para estar allí era necesario poseer alguna estadística. Eso ocurrió en una época en la que no existía Google, internet, bases de datos, blogs y portales deportivos. ¿Por qué seguir con esa tradición en el 2011?

Según las Reglas de las Grandes Ligas en la sección de definiciones, Regla 60 en la página 170, el concepto oficial de “grandesligas” es el siguiente:

El término ‘jugador grandesligas’ debe referirse al jugador de béisbol profesional que está en la Lista o Roster de Reserva de Grandes Ligas de un equipo de Grandes Ligas.

 

La lista o roster de reserva de un equipo de las mayores la componen todos los 40 jugadores que han firmado un contrato de Grandes Ligas. La lista o roster activo de un equipo de las mayores la conforman los jugadores elegibles para jugar y que son 25 hasta la medianoche del 31 de agosto y luego 40.

En ciertos países de Latinoamérica el registro que se lleva de las “listas de jugadores grandesligas” siempre me ha llamado la atención. De acuerdo con algunos medios y personas, para ingresar a esas listas, o bautizar como “grandesligas” a un pelotero, se requiere que éste entre en acción. Un turno al bate o un lanzamiento al plato es suficiente para creer, a lo Santo Tomás, en el milagro.

 

Esta corriente de pensamiento tiene cierta base histórica. Para jugar, el pelotero primero debe ocupar un puesto en el roster, una cosa que no es sencilla, y que no se vende en la esquina. Un puesto en el roster de reserva o activo de un equipo de MLB está valorado en cientos de miles de dólares. Pero uno sigue leyendo en los medios cosas como estas: “ayer debutó pelotero A y se convirtió en el ‘grandesligas’ número cien de un determinado país”. ¿Es que no era “grandesligas” antes, al ocupar el puesto en el roster?

 

Estoy consciente de que esta guerra no se ganará sólo con ese argumento. Al buscar más municiones encuentro el concepto “tiempo de servicio”. De acuerdo con las Reglas de las Grandes Ligas, una especie de estatutos que regulan a MLB y el Acuerdo Colectivo MLB-MLBPA, los jugadores comienzan a contabilizar tiempo de servicio una vez incorporados en el roster activo, incluso estando en la lista de lesionados. El tiempo de servicio es crucial, entre otras cosas, para determinar cuándo puede declararse agente libre el jugador.

 

El concepto de tiempo de servicio y la teoría de jugar para creer, no son compatibles. Por ejemplo: El pelotero A fue incorporado en el roster y estuvo 10 días en él sin jugar. El pelotero B fue incorporado en el roster y tomó un turno ese mismo día para ser quitado luego del partido. Ninguno de los dos regresó a las mayores. Técnicamente el pelotero A tiene 10 veces más antigüedad como “grandesligas” que el pelotero B, pero al pelotero A en su país no lo reconocen como “grandesligas”. ¿Tiene sentido?

 

Pero todo esto se podría evitar si tan sólo nos basamos en la definición oficial de “jugador grandesligas” adscrita en las Reglas de las Grandes Ligas, que además es clara y en ningún momento se refiere a la acción de jugar. Adicionalmente, y como decimos los abogados para marear a las personas, “donde no distingue el legislador no debe distinguir el intérprete”.

 

¿Podrá esa definición oficial sacar del purgatorio a los peloteros que fueron llamados e incorporados en el roster pero nunca debutaron? ¿Por fin se hará justicia con esos jugadores que también merecen ese reconocimiento?

 

Uhmm…la verdad que no sé…hay costumbres duras de matar.

 

Luis Oliveros, Rendy Espina, Omar Poveda, Reegie Corona y Mauricio Robles son los peloteros venezolanos que han estado en el roster activo de Grandes Ligas pero nunca vieron acción. Algunos todavía tienen chance de saltar al terreno, otros verán sus nombres, en el mejor de los casos, con un asterisco a su lado.

 

Arturo J. Marcano es abogado graduado en la Universidad Católica Andrés Bello en Caracas con una Maestría en Derecho (LL.M.) de Indiana University y una Maestría en Gerencia Deportiva (M.S.) de la Universidad de Massachusetts-Amherst. Es coautor con David P. Fidler del libro Stealing Lives y del Capítulo 12 (Latinoamérica) del libro Cambridge Companion to Baseball.

ESPN

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