Publicado en: 06/08/2015

Jackson y Lewis denuncian amenazas a la Ley de Derecho al Voto, 50 años después

John Lewis y Jesse Jackson

(FOTO archivo) : El congresista John Lewis (izq) y el reverendo Jesse Jackson (der).

Medio siglo después de la firma de la Ley del Derecho al Voto, el reverendo Jesse Jackson y el congresista John Lewis, dos históricos de la lucha por los derechos civiles en EE.UU., recuerdan la sangre, el sudor y las lágrimas que derramó ese movimiento por lograr una igualdad que hoy está bajo amenaza.

“Somos más libres que hace años, pero desiguales”, dijo en una conversación con Efe Jesse Jackson, veterano líder del movimiento por la igualdad de los afroamericanos, que el 6 de agosto de 1965, cuando el presidente Lyndon Johnson firmó la ley, estaba en Chicago (Illinois) invitando a los negros a registrarse para votar.

“Cada vez que logramos más libertad, aquellos que manejan la infraestructura mantienen el control (…) Seguimos siendo desiguales. Basta con ver las cifras de desempleo, salarios o acceso a la propiedad de negros y morenos”, destacó Jackson.

Como Jackson, el congresista John Lewis, de 75 años, desafió hace medio siglo los rótulos de “solo para blancos” que separaban el espacio en bares y autobuses, resistió las amenazas de forma pacífica y, además, acompañó al reverendo Martin Lutter King cuando pronunció el famoso discurso “Yo tengo un sueño” en la “Marcha a Washington” de 1963.

Para Lewis, también orador de la multitudinaria marcha, la Ley del Derecho al Voto es “la legislación más efectiva aprobada en el Congreso en los últimos 50 años”, un logro histórico que ha hecho posible que Barack Obama pase a la historia como el primer presidente negro de Estados Unidos, dijo en declaraciones a Efe.

“La Ley abrió nuestra democracia y dio a millones de estadounidenses la oportunidad de participar en el proceso democrático”, resumió el legislador demócrata, que hace 50 años se encontraba en la Casa Blanca con el presidente Johnson y James Farmer, otro histórico en la lucha por los derechos civiles.

“Luego fuimos al Capitolio y vimos como el presidente firmaba la ley. Fue una experiencia extraordinaria”, recordó Lewis.

Sin embargo, según coinciden ambos activistas, la ley se encuentra bajo amenaza desde que en 2013 el Tribunal Supremo invalidó la sección 5, que obligaba a algunos estados y condados considerados de “tradición discriminatoria” a recibir permiso del Gobierno antes de llevar a cabo cualquier modificación electoral.

Solo un mes después, estados como Georgia, Carolina del Norte y Texas aprobaron leyes que, por ejemplo, obligan a los votantes a mostrar un carné con fotografía para poder votar, pese a que en el país no hay un documento nacional de identidad y los ciudadanos no están obligados a disponer de esa identificación.

De esta forma, según ambos, se truncó una parte vital de la Ley del Derecho al Voto, que daba al Gobierno el poder para eliminar los obstáculos que los estados ponían a los afroamericanos para votar, un derecho que ya tenían desde 1870, pero que no habían podido ejercer por la feroz represión, entre otros, del Ku Klux Klan.

“Si el Congreso no actúa, esas leyes se mantendrán en vigor (…) El Congreso debe actuar para corregir la Ley del Derecho al Voto y restaurar su poder original”, exigió el legislador, que junto al senador Patrick Leahy ha impulsado en el Capitolio una ley con este objetivo.

“El pueblo debe de hacer oír su voz, tal como lo hicimos en los años sesenta, para lograr restaurar la Ley de Derecho al Voto”, consideró Lewis que, con 25 años, participó en la marcha desde Selma a Montgomery (Alabama) que dio el impulso definitivo para lograr el derecho al voto.

Consciente del precio pagado por derribar las barreras raciales, especialmente en el sur, el pastor Jesse Jackson va más allá y apuesta por enmendar la Constitución para introducir un derecho al voto a nivel federal, evitar la discrecionalidad de los estados y terminar la tarea que comenzó el movimiento por los derechos civiles.

Jackson, candidato a la nominación demócrata a la Presidencia en 1984 y 1988, considera vital que los afroamericanos y latinos participen en las instituciones para lograr una verdadera igualdad, tanto de manera pasiva mediante el voto o, de forma activa, presentándose a las elecciones estatales y federales.

“Recuerdo claramente los días en los que a los afroamericanos se nos negaba el derecho a votar (…) Los chicos de 18 años no podían votar, pero sí morían en Vietnam”, criticó Jackson.

Cuando los afroamericanos dejaron de esconderse y empezaron a marchar por el respeto y la igualdad, el presidente Lyndon Johnson firmó “una de las leyes más monumentales de toda la historia de la libertad americana” destinada a acabar con “una clara y sencilla injusticia”, como dijo entonces el mandatario.

Medio siglo después, las diferencias persisten y, como dijo Obama en la celebración del 50 aniversario de las protestas de Selma: “La marcha no ha terminado”.

Por Beatriz Pascual Macías

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