Publicado en: 15/03/2012

Encuestas políticas en República Dominicana

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Edgar Marcano

Las encuestas arrojan un  proceso cerrado, polarizado, empatado en menoscabo del postulado Vampiro Caos, quien inducía los incautos cotizadores y potenciales aliados autoproclamándose puntero.

Mientras cantaba solo en la valla, fue favorito, pero al retar al “Leon King” y picotear sus “Margaritas”, se le ha revertido la farsa.

Hay quienes sostienen la tesis de que esta farra de encuestas políticas la hacen deliberadamente para desviar el debate, pues entienden que debemos enfocarnos en la instaurada dictadura constitucional, en marcha vía el control del consejo nacional de la magistratura y el tribunal superior electoral de parte del poder ejecutivo, situación de hecho, difícilmente reversible y no vinculante  con las encuestas.

Advertencia que no tenemos por que soslayar, pues lo que ocurre, es imputable al control del poder ejecutivo y controlar una instancia es controlar una instancia.

Pobrecitos los políticos que crean en las instituciones, pues los caudillos, sobretodo con sueños dinásticos creen en los hombres.

Las encuestas son instrumentos de planeamiento estrategico, con un coeficiente de confiabilidad del 95% y no tenemos por que suponer muestreo erróneo, ni conclusiones manipuladas.

En este escenario, se enfrentan dos coaliciones, en campaña mas personalizada que partidaria.

De modo politiquero y demagógico, malos estrategas, intentan modificar la intención del voto y percepción con clientelismo, caciquismo, tarjetas, raciones, conciliábulos y vanas promesas.

El otrora primer ministro del oficialismo, luce de teflón, incólume, favorito, triunfal y huele a victoria.

Los dominicanos ausentes, representamos la quinta plaza, somos el 5% del electorado, unos 330,000 votantes, superior a la población electoral de 27 de las 32 provincias y podemos decidir las elecciones.

Quisquellanos  somos estratificados en el mismo espectro de respuesta que los que residen en la isla y hay que convencernos, convincentemente sin jugar a la percepción.

Por: Edgar Marcano
Desde Montreal

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