Publicado en: 19/12/2017

Elecciones en Cataluña: El candidato no está

El expresidente catalán, Carles Puigdemont, hace campaña por su partido Junts per Catalunya a través de transmisiones en video desde Bruselas.

BARCELONA, (NYTimes).- Hay disputas por un asiento. Gente que se intenta aposentar en las escaleras. Decenas de personas que se quedan fuera. El teatro Can Rajoler, en la pequeña localidad catalana de Parets del Vallès, está lleno de humanidad este domingo 10 de diciembre.

Pero el contacto más esperado es virtual.

“En una situación de normalidad, yo tendría que presentar al número dos de la lista, Jordi Sànchez, y él debería presentar a quien os hablará ahora”, dice sobre el escenario Jordi Turull, exconsejero de Presidencia del Gobierno catalán que estuvo un mes encarcelado. Tengo el honor de presentarles a todos ustedes al presidente de Cataluña, ¡el presidente Puigdemont!”.

Se desatan los aplausos, los gritos de “President!” e incluso los silbidos, como si fuera una estrella de rock. Un Puigdemont gigante aparece en pantalla. Apenas sonríe. Está aquí y todo lo ve: hace incluso un gesto tímido para que la gente se siente y deje de aplaudir.

“Me gustaría que vierais el sitio donde hago cada día estas conexiones en directo”, dice el expresidente catalán, que fue destituido por el gobierno español, desde el lugar donde está haciendo campaña a distancia: Bruselas. Es una habitación oscura que permite hacer la conexión, pero que no invita a sonreír. “Me dicen que tengo que sonreír un poco más, que estamos en campaña y que las cosas van bien. Pero me cuesta”.

En el fondo de la imagen hay un croma gris oscuro y el logo de Junts per Catalunya, la marca bajo la cual se presenta Puigdemont. Hay retraso de la imagen en algunos tramos de la intervención, pero en general se mantiene estable. Para Puigdemont el plasma es frío, pero para la multitud agolpada en este teatro el plasma es caliente: el president está cerca, es real.

“Intentaré que no se noten mucho las circunstancias en las cuales tenemos que echar adelante una campaña electoral en la que alguien se conjuró para que lo tuviéramos todo en contra”.

Puigdemont sigue con su mitin por plasma, otra innovación de ese laboratorio de las nuevas formas de sentir la política del siglo XXI en que se ha convertido el aquí conocido como procés (proceso independentista). No detiene su discurso para recibir aplausos, como se hace habitualmente.

“Es evidente que tenemos que hacer una campaña en condiciones muy adversas. Pero estamos contentos, aunque nos cueste sonreír por fuera”.

Este jueves 21 de diciembre, Cataluña celebra unos comicios convocados por España y marcados por la polarización: independencia, sí o no.

Tras el referéndum independentista del 1 de octubre, declarado ilegal por la justicia española y que se celebró pese a las cargas policiales, el parlamento catalán declaró la independencia de Cataluña el 27 de octubre. El Senado español votó enseguida para aplicar el artículo 155 de la Constitución, en virtud del cual el presidente español, Mariano Rajoy, suspendió esa declaración, destituyó a Puigdemont y a su ejecutivo, y convocó elecciones autonómicas en Cataluña para el 21 de diciembre.

Puigdemont y varios de sus consejeros se marcharon a Bruselas. En paralelo, la Fiscalía española querelló por rebelión, sedición y malversación a Puigdemont y a todo su gobierno. El ya expresidente catalán no se presentó a declarar ante la Audiencia Nacional y reclamó desde Bruselas “un juicio justo”. Otros de sus colegas de gobierno —como el exvicepresidente Oriol Junqueras, ahora su principal rival electoral en el campo independentista— sí que acudieron y acabaron en la cárcel.

Ante la convocatoria electoral, pronto quedó claro que la coalición independentista Junts pel Sí, que había gobernado hasta entonces Cataluña, se esfumaría. Esquerra Republicana de Catalunya (ERC), el partido de Junqueras, partía como favorito en las encuestas y quería presentarse por separado. A su derecha estaba el descompuesto partido de Puigdemont, el PDeCAT.

Tras no pocas tensiones con su partido, el entorno de Puigdemont lanzó una campaña personalista con el expresidente como candidato. Su figura es omnipresente: en la página web de la campaña, la candidatura de Junts per Catalunya lleva un nombre revelador: “La lista del president”.

Pero quizá personalista es un eufemismo, una palabra que no lo dice todo. Porque no hay aquí un culto mesiánico a un político de Girona que con su candor guía los designios del pueblo en la distancia. La pasión va más allá y conecta con la historia sentimental del país: con la figura institucional y reverenciada del president, tenga el rostro que tenga. Y más si el gobierno español lo ha destituido.

“Queríamos subrayar que esta es una situación anómala”, dice tras el mitin Jaume Clotet, director adjunto de campaña de Junts per Catalunya. “Y esta es la mejor visualización de ello”.

La ausencia de Puigdemont no es un problema. Es su fortaleza, porque no es un candidato: es el president. En Junts per Catalunya sienten que la campaña está funcionando y que están recuperando terreno frente a ERC. En cada acto electoral, Puigdemont hace una conexión en directo o aparece en pantalla.

Por: AGUS MORALES

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