Publicado en: 28/07/2011

El relativismo, Terrero y candidatos

LO DE LULA.- Si no fuera muy extremo, pudiera decirse que el espaldarazo del ex presidente Inácio Lula da Silva a Danilo Medina, en su actual visita a Brasil, resulta más noble y alentador que la convocatoria del presidente Leonel Fernández, el pasado domingo.

Lula habló de Medina, de sus cualidades y de las posibilidades de aplicar en un gobierno suyo los programas que produjeron el milagro de sacar de la pobreza a millones de sus compatriotas.

De político a político fueron generosos, y nadie recuerda una foto en que Medina se viera tan alborozado y satisfecho. Lula da Silva por igual. Se le siente a leguas el orgullo de ser reconocido como maestro y de que sus luces alcancen para alumbrar caminos tan distantes como República Dominicana. Con el presidente Fernández pudo haberse dado algo parecido.

Pero no. El jefe del partido, y del Estado, no llegaría nunca a tanto. El escenario fue suyo, y fuera de los abrazos y el anuncio de que sería el próximo presidente, no hubo una dispensa, un elogio o una valoración de Medina como persona, o como político, o como compañero…

EL OLVIDO.- La intriga vale en la ocasión, pues tantos años no pudieron haber sido en vano. No era que lo anunciara como el Mesías que aguardaba el pueblo de Dios y que redimiría al partido y a la nación, ya que ese era su espacio y condición, pero por lo menos debió haberlo bautizado en las aguas santas de un proceso con grandes resultados y cuyas glorias debieron ser compartidas.

Los anales del PLD no mienten y recogen una historia en que ahora no se sabe cuál fue primero, pero esa duda no existió al principio. Ahora que habla de hacer memoria, debe aplicarse la medicina, pues por lo visto los años de poder fueron de olvido. Los héroes griegos nunca olvidaron de dónde venían sus virtudes y pocos osaron rebelarse contra sus dioses tutelares.

La convocatoria del domingo no llenó las expectativas, entre otras razones, porque el presidente Leonel Fernández no pasó a Danilo Medina el fuego sagrado, la antorcha olímpica. ¿Acaso no se trataba de una carrera de relevo, en que un corredor sustituye a otro en plena pista, de manera que se mantengan los impulsos?…

LA ENTRADA.- La falla se vio desde el principio con la entrada a la sala en que se llevó a cabo el acto. Que debieron haberlo hecho juntos, y que primero fue Medina y después el presidente Fernández, como si en vez de un cambio de mandos, fuera un concurso de aplausos. La charla fueron verdades ya sabidas que no llegaron a las llamadas bases.

Los peledeístas no están desde el domingo más capacitados para defender su gobierno que antes. El performance lo traicionó.

No eran palabras lo que hacía falta, sino gestos. Incluso, grandilocuentes. Por ejemplo, debió haber habido una entrega simbólica (o acaso formal) de los dos millones doscientas mil firmas que prometió convertir en votos para el partido. Medina, que ganó en buena lid la justa interna, debe ser visto ahora como el partido, pues encabezará su boleta y asumirá sus símbolos y sus colores en las próximas elecciones nacionales.

Los norteamericanos, que llevan ventaja en cuanto a ejercicio democrático, no se pierden. Desde el momento que un aspirante logra la credencial de candidato oficial, se le considera líder…

EL GABINETE.- Los españoles que tienen menos tiempo en democracia que los dominicanos, pero con un mejor sentido de la oportunidad, conceden privilegios al candidato. Rubalcaba no es presidente, pero Zapatero hizo cambios en el gobierno que –a juicio de ambos– facilitan las cosas. El presidente Leonel Fernández pudo haber hecho otro tanto.

Nombrar un gabinete de campaña, de manera que las caras frescas sirvan a los fines de conservar el poder. Por ejemplo ¿cómo ir a buscar votos entre los jóvenes con un ministro de Deporte que tiene siete años en el puesto y lo único que se sabe es que los multiusos están abandonados? Los españoles lo decían sin dramatismo el pasado fin de semana en Madrid: “No es una crisis, es que ya no te quiero”.

Igual hay que pensar en las muchas quejas que se originan en Medio Ambiente, donde los informes no se apuran, como si se trabajara para la eternidad.

Ya el presidente Fernández no cuenta, pero sí su gobierno. En la confrontación que se quiere, Medina tiene las de perder, pues, ¿cómo cargar sobre sus espaldas los resultados de dos administraciones que les fueron ajenas?…

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