Publicado en: 19/04/2013

El Papa Francisco a los obispos de Argentina: Una Iglesia que no sale, se enferma

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El Papa Francisco.

El Papa Francisco ha escrito una carta a los obispos de Argentina en la que, una vez más sorprende su estilo directo y su sentido del humor. En el breve documento, escrito en español, se entrevé todo un programa de gobierno.

Sugiere a los obispos que adopten una actitud misionera y no dejen que la Iglesia enferme «mirándose a sí misma».

Además les dice que prefiere “mil veces una Iglesia accidentada” por los problemas que pueda provocar esa apertura hacia los demás antes que una Iglesia enferma.

El Papa bromea y se excusa de no poder asistir a la reunión por «compromisos asumidos hace poco» refiriéndose a su elección como Papa.

Entre las sugerencias que realiza a los obispos argentinos destaca la petición de que empleen el documento de Aparecida como marco de referencia para su acción pastoral.

Un deseo

Así reza la carta a los obispos argentinos.

Queridos Hermanos:

Van estas líneas de saludo y también para excusarme por no poder asistir debido a «compromisos asumidos hace poco» (¿Suena bien?) Estoy espiritualmente junto a Ustedes y pido al Señor que los acompañe mucho en estos días.

Les expreso un deseo: Me gustaría que los trabajos de la Asamblea tengan como marco referencial al Documento de Aparecida y «Navega mar adentro». Allí están las orientaciones que necesitamos para este momento de la historia. Sobre todo les pido que tengan una especial preocupación por crecer en la misión continental en sus dos aspectos: misión programática y misión paradigmática. Que toda la pastoral sea en clave misionera. Debemos salir de nosotros mismos hacia todas las periferias existenciales y crecer en parresía.

Prefiero mil veces una Iglesia accidentada a una Iglesia enferma Una Iglesia que no sale, a la corta o a la larga, se enferma en la atmósfera viciada de su encierro. Es verdad también que a una Iglesia que sale le puede pasar lo que a cualquier persona que sale a la calle: tener un accidente. Ante esta alternativa, les quiero decir francamente que prefiero mil veces una Iglesia accidentada que una Iglesia enferma.

La enfermedad típica de la Iglesia encerrada es la autorreferencial; mirarse a sí misma, estar encorvada sobre sí misma como aquella mujer del Evangelio. Es una especie de narcisismo que nos conduce a la mundanidad espiritual y al clericalismo sofisticado, y luego nos impide experimentar «la dulce y confortadora alegría de evangelizar».

Les deseo a todos Ustedes esta alegría, que tantas veces va unida a la Cruz, pero que nos salva del resentimiento, de la tristeza y de la soltenoría clerical. Esta alegría nos ayuda a ser cada día más fecundos, gastándonos y deshilachándonos en el servicio al santo pueblo fiel de Dios; esta alegría crecerá más y más en la medida en que tomemos en serio la conversión pastoral que nos pide la Iglesia.

Gracias por todo lo que hacen y por todo lo que van a hacer. Que el Señor nos libre de maquillar nuestro episcopado con los oropeles de la mundanidad, del dinero y del «clericalismo de mercado». La Virgen nos enseñará el camino de la humildad y ese trabajo silencioso y valiente que lleva adelante el celo apostólico.

Les pido, por favor, que recen por mí, para que no me la crea y sepa escuchar lo que Dios quiere y no lo que yo quiero. Rezo por Ustedes. Un abrazo de hermano y un especial saludo al pueblo fiel de Dios que tienen a su cuidado. Les deseo un santo y feliz tiempo pascual.

Que Jesús los bendiga y la Virgen Santa los cuide. Fraternalmente,

Vaticano, 25 de marzo de 2013

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