Publicado en: 13/06/2011

El país avanza y retrocede con demasiada frecuencia

DE TODO : En los últimos cincuenta años en el país ha pasado de todo: ajusticiamiento de un tirano, gobiernos provisionales, elecciones libres, golpes de Estado, guerrillas, revueltas populares, cambios constitucionales, condena judicial de ex presidente, fraudes electorales, segunda vuelta…En fin, todo lo susceptible de producirse en una república.

No se hizo la revolución a pesar de contar con todos los talentos y condiciones innegables.

Se vivió la utopía, se tuvo la valentía e hicieron todos los sacrificios, pero no se logró el salto como Cuba o Nicaragua.

Por suerte, dirán algunos.

¿Qué faltó? Aparentemente ideología y conciencia de clase.

Cuando se caminan los salones del Museo de la Resistencia, las leyendas más significativas no fueron dichas o escritas por dominicanos. José Martí sobresale.

Sin la fuerza de las ideas, ninguna empresa de cambios profundos puede alcanzar el éxito. ¿Cuántas frases pueden citarse de Manolo Tavares o de Francisco Caamaño? Esa precariedad de pensamiento, ese exceso de protagonismo, hicieron difíciles, por no decir imposibles, sus gestas…

EL FRACASO
En los años sesenta, después de la muerte del dictador, correspondía construir la democracia y hacer las reformas que le dieran sustento. Sin embargo, se levantaron banderas equivocadas.

El fenómeno no fue propio de República Dominicana, sino de todo el continente. País por país en casi todas partes ocurrió lo mismo. El mejicano Enrique Krause lo explica respecto de Venezuela en su libro El Poder y el Delirio sobre el caso de Hugo Chávez.

Cuando el referente debió haber sido Rómulo Betancourt, la estrella de Fidel Castro y la revolución cubana emergió con mayor esplendor. Aquí el turno fue para Juan Bosch, representante de la llamada Izquierda Democrática. Las reformas se quedaron entonces en el tintero, pues el de Bosch fue un gobierno fallido. Las culpas fueron cargadas a los norteamericanos, pero la verdad que tampoco el ánimo de los diferentes sectores era el apropiado. Unos jugaron su baza a la derecha extrema y otros a la izquierda fundamentalista.

La situación, entre torpezas y obcecaciones, se resolvió de la única manera que era posible: por la fuerza…

EL “REFORMISTA”
Joaquín Balaguer advino al poder trayendo la palabra reformista en el nombre del partido que le sirvió de plataforma; pero de reformador, nada. Tampoco provocó expectativas en ese sentido, ya que su principal aval era la dictadura y el imperativo de su ascenso era frenar las reformas que postulaban las fuerzas que le fueron contrarias en el proceso electoral. La Constitución del l966, diferente a la del l963, lo dijo todo.

La verdad que a este país se le da mejor la contrarreforma que la reforma. Y los ejemplos se tienen a diario, pero si se quisieran más, no hay que dar mucha marcha atrás. Cuando las esclusas de la estabilidad política se rompieron en el l994, y se creyó inminente el hundimiento de la nave de la República, se buscaron –de prisa– unas providencias que se consideraron ideales para superar la crisis y fortalecer la democracia. La de entonces y la futura. Que se averigu¨e. Las mismas fueron eliminadas al poco tiempo sin que fueran claras las razones.

Incluso, ese movimiento de avanzar y retroceder se da con tanta frecuencia, que habrá que resignarse y asumirlo como un fatalismo…

LA GENTE
Podría pensarse que esas veleidades son propias de los políticos que buscan a cada momento crear o acomodar circunstancias que favorezcan sus causas o sus intereses.

La verdad que si, pero no siempre y en todos los casos.

Las reformas del l994 fueron eliminadas por demandas de la propia población. Cuando se preguntó tiempo después –mediante encuesta– por la reelección como modalidad, sin considerar a ningún candidato en particular, la respuesta fue casi un empate.

Igual pasó con las elecciones separadas y los diferentes horarios de votaciones para hombres y mujeres. Es decir, que para ir hacia delante hay que afanarse mucho, pero cuando el paso es hacia atrás, se da un golpe y se impone el porrazo. Con los códigos no se sabe qué hacer, y si se pudiera, ya se habrían tirado al mar.

Ahora con la Policía Técnica Judicial. Al parecer ese cuerpo fue aprobado de contrabando, pues muchos vinieron a darse cuenta del “peligro” cuando era inminente su promulgación.

¿Qué es lo que sucede en estos casos ? Llevan al país demasiado rápido…

Continuará…

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