Publicado en: 21/02/2012

Difamación política en República Dominicana

Edgar Marcano

Edgar O. Marcano

Desde mi Atalaya de ultramar, observo los soportes espirituales, políticos, empresariales, profesionales que lideran mi país.

Me asombra, sobremanera que desaprensivos, osen ofender el pudor del liderazgo precitado, peculiarmente, protagonizados por agraciados, candorosos, respetuosos, afectuosos, decorosos y pundonorosos personajes.

Tildan afán de lucro a quienes en postura sólida, transparente, solidaria, altruista y carismática, sirven a los humildes, dispensándoles: escuelas, internet, asistencia social, valores, humanismo, en procura del bien común, en acertiva política legítima.

Pero no, ahora malsanos comunicadores, perciben charada mercantilista, en la sublime actitud de los próceres vivientes.

Azarosas y estrambóticas acusaciones de ociosas frioleras multimillonarias, malolientes en Dinamarca, en mera dolorosa, insoportable, perversa, intolerancia y difamación gratuita.

El malévolo estandarte del difama, difama, calumnia, calumnia, que algo queda, se ha entronizado en nuestro país; dolo y ardid en menoscabo de la patria.

Asidos al manido cliché de ‘‘la campaña sucia deben hacerla terceros, en medios pagados’’, está en escena, conjugado en el estereotipo de que si haces campaña sucia, que sea para hacer daño.

Recomendamos a los estrategas: emprender un plan de marketing político aferrados a la ética, para el bien común y enfocado en el ser humano. Sean más creativos, esas no son formas de vencer obstáculos, enfrentan las objeciones con integridad.

Si algo huele mal en Dinamarca, no se va a desodorizar con cerebros manidos, sino con los instrumentos de planificación, formulación, razonamiento, control y evaluación de la ejecución de la estrategia política y sus ajustes oportunos.

Aférrense a la ética y ganen las elecciones en buena lid.

Por : Edgar Marcano
Desde Montreal-Canada

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