Publicado en: 20/04/2011

Descubrirse así mismo, una experiencia personal

El siglo de las luces nos dejo muy arraigada la idea de que el hombre puede comprenderlo todo a través de la razón. Y efectivamente en la búsqueda del hombre por responder las cuestiones fundamentales de su existencia ha desarrollado a lo largo de la historia un camino intelectual en el que ha tratado de plasmar las respuestas creando así un sinnúmero de saberes y propiciando en el corazón del hombre el sentido de su existencia.

En este largo sendero de búsqueda resulta una paradoja el siguiente hecho: que para descubrir el sentido de la vida misma es necesario descubrirse a sí mismo y para descubrirse a sí mismo es indispensable comprender el sentido de la propia existencia. Y es justo en esta dilucidación donde entran en juego todos los saberes que el hombre ha puesto al servicio de la verdad y que orientarán rectamente el despliegue de toda la estructura personal para situarse frente al mundo y así progresar, realizarse y ser feliz.

Y cuando «el ser humano se sorprende al descubrirse inmerso en el mundo este asombro es el que le permitirá vivir una existencia verdaderamente personal» (JP II).

 

He aquí uno de los problemas de la actualidad. El ser humano está tan inmerso en el mundo que ha dejado de sorprenderse y la consecuencia es el abandonado de su existencia personal. Por ello hoy la masificación, la colectividad y lo impersonal ha tomado tanta fuerza.

 

Las respuestas a las preguntas existenciales que el hombre de todas las épocas se plantea hoy se las responde desde la abrumadora carga informativa que la tecnología le provee y además la posiciona sólo a un nivel de información, no la hace verdaderamente suya y por tanto no afecta su existencia personal, marcando el sentido de su vida lo inmediato y lo fugaz, pensando que conoce muchas cosas pero es incapaz de centrarse en las verdaderamente importantes.

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