Publicado en: 18/08/2011

Denuncias de corrupción cuestan a Rousseff la caída de un cuarto ministro

Dilma Rousseff

Dilma Rousseff, presidenta de Brasil

BRASILIA (AFP) – Una ola de denuncias de corrupción le está costando caro a la presidenta de Brasil, Dilma Rousseff, que decidida a enfrentarlas perdió en la noche del miércoles a su cuarto ministro en menos de ocho meses de gobierno.

Rousseff, que asumió el 1 de enero, ha perdido cuatro ministros en los últimos dos meses: tres por denuncias de irregularidades -los de Agricultura, Transportes y Jefatura del Gobierno- y un cuarto, el de Defensa, por criticar al Ejecutivo.

El último fue el de Agricultura, Wagner Rossi, que renunció el miércoles tras semanas de denuncias en la prensa sobre presuntos desvíos en su cartera y sus relaciones con una empresa agraria.

Heredera del ex mandatario Luiz Inacio Lula da Silva, la flamante presidenta sorprendió a la opinión pública al forzar las dimisiones, especialmente en los casos relacionados con denuncias de corrupción.

“La actitud de Lula era otra: frente a denuncias, él decía que nadie podía ser culpado hasta ser juzgado. Rousseff ha actuado de manera diferente -forzando las dimisiones-, lo que es un reflejo de que la sociedad es menos tolerante con ciertas prácticas políticas que están desgastadas”, dijo a la AFP Carlos Lopes, del Instituto Analise.

Las denuncias han puesto en evidencia una práctica arraigada en la política brasileña por la que el presidente reparte altos cargos del gobierno “entre los partidos aliados a cambio de apoyo parlamentario; eso es generador de corrupción”, explicó a la AFP el director de la ONG Transparencia Brasil, Claudio Abramo.

Las decisiones de Rousseff han recibido aplausos por parte de la prensa y de ONG.

En el Congreso, unos pocos senadores crearon un “frente” informal de apoyo a la limpieza administrativa de Rousseff y el gremio de abogados quiere lanzar un observatorio de la corrupción.

“La presidenta Rousseff está adoptando una posición que los otros presidentes no hicieron en 16 años”, afirmó el senador Pedro Simon este jueves al diario O Globo.

Pero la limpieza tiene sus costos: “ningún gobierno pasa incólume por la dimisión de un cuarto ministro en ocho meses. El nuevo espectro que ronda Planalto (Palacio presidencial) se llama inestabilidad”, señalaba este jueves un editorial del diario Folha de Sao Paulo.

Al enfrentar la corrupción, Rousseff enfrenta a sus aliados, ya que los ministros que salieron del gobierno pertenecen a los partidos de su coalición.

De hecho, el Partido República, que comandaba Transportes, abandonó esta semana la coalición de diez partidos que se sustenta en el Partido del Movimiento Democrático Brasileño (PMDB, centro) y el izquierdista Partido de los Trabajadores (PT).

“Cambiar cuatro ministros en dos meses es un indicador de inestabilidad política en un gobierno”, declaró a la AFP Ricardo Ribeiro, analista de MCM Consultores. Aún así, añadió, “sería exagerado decir que la gobernabilidad está en juego”, una vez que Rousseff se ha esforzado estos días para reconstruir la relación con sus aliados y nombró a nuevos ministros de esos partidos.

“Si el ciclo de denuncias se extiende a otros ministerios, puede ser perjudicial para su relación con sus aliados. Pero si se interrumpe, puede incluso favorecerla”, estimó Lopes.

El primer ministro que perdió Rousseff fue el poderoso jefe de Gabinete Antonio Palocci, en junio, tras cuestionamientos a su rápido enriquecimiento. Le siguió el de Transportes, junto a casi 30 altos cargos de esa cartera, por denuncias de corrupción y desvíos.

Un quinto ministro, el de Turismo, está en la cuerda floja tras una operación policial que llevó a la detención de 36 personas vinculadas a esa cartera por presuntos desvíos.

Publicidad Pagada

anuncie