Publicado en: 08/12/2017

Cali, la capital de la salsa de Colombia

Una pareja baila salsa en la Viejoteca Pardo Llada.

En los clubes de salsa de Cali, en Colombia, se abarrotan de dos tipos de bailarines. Están los puristas, a quienes les gusta mantener los pies en la tierra, a la manera en que se bailaba salsa originalmente durante los años setenta. Luego están los más audaces —en general, más jóvenes— y provocadores, que incorporan trucos y piruetas que hacen fruncir el ceño a los tradicionalistas. Si estás ansioso por encontrar una pareja, quizá quieras apegarte a la fórmula original.

Aunque ahora se puede encontrar en clubes de todo el mundo, la salsa sigue siendo una forma de baile relativamente nueva. Nacida en la ciudad de Nueva York de una mezcla de música y pasos de baile de Cuba, Puerto Rico y el barrio de Harlem, alcanzó su esplendor a principios de los setenta. Alfredo Caicedo Viveros, historiador de la salsa en Cali, cuenta que no pasó mucho tiempo antes de que los navegantes colombianos llevaran el nuevo ritmo con ellos. “Yo les decía a ustedes: ‘¿Quieren escuchar una música que me llegó de Nueva York?’”, recordó. “¡Cadenciosa! ¡Uy, se erizaba uno, qué bueno!”.

El Museo de la Salsa, en el barrio Obrero de Cali.

Poco después, los clubes de baile llamados salsotecas se diseminaron en Cali, en especial en el barrio Obrero. Los músicos colombianos comenzaron a formar grupos de salsa para hacer sus propias contribuciones a la escena emergente. Caicedo citó al Grupo Niche, Orquesta Guayacán, Orquesta La Identidad y La Gran Banda Caleña como algunos de los grupos más populares durante los primeros tiempos de la salsa colombiana.

Tomando su nombre de la ciudad que lo desarrolló, el estilo caleño evolucionó a partir de una mezcla de pachanga (un estilo musical más reconocido por cómo se baila, arrastrando los pies de lado a lado), charanga (una variación de un ritmo cubano) y boogaloo (otra forma musical que nació en la Ciudad de Nueva York, que mezcla varios estilos).

Con el tiempo, el estilo caleño continuó puliéndose. “Aquí tenemos una escuela muy conocida mundialmente, la del Mulato, Luis Eduardo Hernández, con su escuela swing Latino”, contó Caicedo. Hernández introdujo un nuevo elemento a la salsa, agregó Caicedo, “que era la acrobacia. O sea, lo que hacen en el circo: maromas”.

Una joven pareja baila ante la multitud en Santo.

La fotógrafa Rose Marie Cromwell se encontró con la vibrante escena de la salsa caleña casi por accidente. “Escuché a la gente decir que Cali era la capital de la salsa”, explicó. Fue suficiente para despertar su interés.

“Primero fui a la NellyTeca, me llevó una amiga de veintitantos años”, dijo Cromwell. “Aunque la escena de la salsa está compuesta en su mayoría por gente mayor, ella conocía esa salsoteca y quiso llevarnos ahí. Estaba repleta de gente y los acordes de la salsa sonaban en todo su esplendor. Había muchos personajes, mucha gente interesante”.

Esa primera salsoteca le regaló a Cromwell algunos de los recuerdos más gratos de este reportaje. “NellyTeca fue tan amable, tan cercana”, dijo. “Era escandalosa y me gusta esa energía. Me gustaron los lugares pequeños, esa fue toda una experiencia. Ahí fue donde dos mujeres mayores estaban tomando una cerveza en la esquina y las parejas mayores bailaban juntas en un piso pequeño. Fue agridulce y romántico. Sentí que viajé al pasado”.

La generación de Caicedo fue la primera en bailar en las salsotecas. Él conoció a su esposa en un baile hace más de cuatro décadas. Como uno de los personajes célebres de la forma caleña tradicional, Caicedo sigue prefiriendo el estilo antiguo, libre de teatralidad. “Bailamos pegado al piso; ese es el estilo caleño, el bonito”, dijo. “Con respeto a la dama. No hay que tirarla al suelo ni levantarla con el pie”.

Una pareja en la salsoteca Caderona.

Es más fácil encontrar el estilo caleño tradicional en una vijetoteca, una salsatoca que se especializa en la salsa para un grupo de bailarines de mayor edad. “Hay una fidelidad en Cali a cómo se bailaba, a cómo se vestía la gente”, relató Cromwell. “Quizá porque Colombia estuvo tan aislada durante mucho tiempo, se quedó igual”.

Las viejotecas, que alguna vez fueron una clase de ejercicio para los adultos mayores a principios de los noventa, se convirtieron en un refugio para los puristas del estilo caleño, según Caicedo. Ahora, las viejotecas son fiestas de fin de semana que comienzan por la tarde y se acaban cerca de las diez de la noche. Es una escena distinta a la de Nueva York, donde la salsa se comienza a bailar ya entrada la noche. La hora más temprana en Cali reduce también el tiempo en el que se bebe alcohol. “Nadie está bebiendo. Es más bien un evento social, no uno para beber alcohol”, explicó Cromwell.

Existen otras diferencias que separan el estilo caleño de otros estilos. La mayoría de la salsa que se baila en Estados Unidos requiere que las parejas se muevan hacia adelante y hacia atrás en la pista de baile. En Cali, las parejas se mueven de lado a lado, y sus movimientos son en espejo. La parte superior del cuerpo y los brazos permanecen inmóviles mientras los pies se mueven con rapidez al compás de los pasos que se asemejan al jive con un toque latino.

Dependiendo del estilo que se baile en Estados Unidos, el movimiento puede variar de giros muy espectaculares a movimientos muy controlados que se limitan al espacio personal de la pareja.

No obstante, otras características siguen siendo iguales entre los salseros. Los pies se mueven con rapidez y hay que mover las caderas. La pareja debe estar unida por los brazos y la mujer debe estar atenta a los cambios de la posición del hombre, que es “el que lleva”: le señalan cuál será el siguiente movimiento.

“Ahora, la baila el pobre, la baila el rico, la baila todo mundo; sin distinción de credos, ideología, sexo o política… es igual”, agregó Caicedo. “La vestimenta es según tu gusto, si te quieres vestir para recordar una época, te vistes como bailarín; si no, la gozas, pero no te vistes así”.

Jóvenes bailarines en Santo.

A lo largo de todas las salsotecas grandes y pequeñas, los rostros de los bailarines profesionales y los que solo lo hacen por diversión comparten rasgos característicos de concentración y energía. Algunos sonríen mientras están en los brazos de la pareja. Otros se concentran en recordar la coreografía ensayada. Los salseros que no bailan observan a los demás o recobran el aliento. Las mujeres agitan sus abanicos para generar una brisa fresca y los hombres se secan con sus pañuelos.

“Fue un espectáculo realmente atractivo, los bailarines se mostraban tan animados”, dijo Cromwell sobre su experiencia. “Los colombianos tienen una cultura muy abierta. Todo mundo quiere hablar sobre Cali, que no es un lugar turístico”.

Sin importar el estilo, la emoción del baile siempre es la misma. “La salsa transmite el sentimiento humano,” explicó Caicedo. “Da lugar a que yo me extasíe cuando bailo; da lugar a que yo manifieste con mis extremidades ese sentir que viene con la diversión”.

Teresa Montoya y Hernando Muñoz en NellyTeca.

Por: Monica Castillo/NYTimes

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