Publicado en: 02/02/2012

Bogotá comienza plan de desarme de la población para evitar los atracos

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Un hombre es revisado en Bogotá

BOGOTÁ (AFP) – Unos veinte hombres son puestos contra la pared con las piernas extendidas por agentes policiales; pero no se trata de un arresto colectivo sino de uno de los primeros controles de la policía de Bogotá tras la entrada en vigor de un polémico decreto que restringe el porte de armas.

Para hacer cumplir la medida, que regirá en un periodo de prueba desde el 1 de febrero hasta el próximo 1 de mayo, las fuerzas policiales han tomado el barrio marginal de Ciudad Bolívar, que se alza sobre una árida montaña en la periferia de Bogotá.

Los agentes policiales detienen vehículos particulares, camionetas y autubuses para revisar a sus ocupantes, y la mayoría se muestra de acuerdo con esta operación.

“Al menos ya sé que no hay un ladrón en el bus, y que no me van a atacar”, comentó a la AFP José Mauricio Moreno, un vendedor de 35 años.

Bogotá, con una población de más de 7 millones de habitantes, registró el año pasado 1.632 homicidios, de los cuales 62,3% fueron cometidos con armas de fuego, según cifras de la alcaldía.

Apenas asumió como alcalde de la capital colombiana, Gustavo Petro, un ex guerrillero izquierdista de 51 años, anunció que el porte de armas quedaba restringido no sólo en los locales públicos, sino también en las calles.

La medida, sin embargo, no se aplica a los miembros de la fuerza pública, ni a los vigilantes privados que proliferan en esta ciudad, o los escoltas de diplomáticos y ministros.

La intención es “desincentivar el uso de las armas” y generar conciencia en la ciudadanía sobre la “inutilidad y el peligro de llevar un arma de fuego”, explicó Petro en el lanzamiento de la campaña que llamó “Armar o amar. Sí al desarme ciudadano”.

Pero la decisión ha provocado fuertes críticas de sus opositores, según los cuales el alcalde ha atentado contra las libertades individuales.

En tanto, expertos en seguridad dudan de que la restricción logre disminuir la criminalidad, y resaltan que casi todos los homicidios que se cometen en Bogotá implican armas ilegales.

Alfredo Rangel, analista de la Fundación Seguridad y Democracia, considera que la medida es “mediática y populista” con sólo “un efecto marginal”.

“No tiene nada que ver con los crímenes. La gente que posee armas legales no es la que sale a asaltar bancos”, dijo Rangel a la AFP.

En Medellín, la segunda ciudad de Colombia con 2,3 millones de habitantes, rige ya desde hace tres años una restricción al porte de armas, y sin embargo los homicidios aumentaron 7% en 2011, refirió este experto.

El índice de homicidios en Bogotá fue en 2011 de 21,5 por cada 100.000 habitantes, muy por debajo de las otras grandes ciudades colombianas como Cali (77,9) o Medellín (70,3), antiguos bastiones de los cárteles de la droga y donde aún proliferan las bandas criminales.

Para el coronel Alvaro Bermúdez, comandante de la policía en Ciudad Bolívar, la medida “no va a cambiar el mundo”, pero puede evitar que “alguien que se va a tomar una cerveza, después de unos tragos saque la pistola por una pequeña riña”, pues a quienes violen la norma se les confiscará el arma de manera definitiva, entre otras penas.

Un entusiasta de la medida es el sacerdote Alirio López, quien desde hace catorce años promueve en su parroquia el desarme de los jóvenes.

La prohibición al porte de armas “va por el buen camino. Lo que importa es el cambio de mentalidad, que la gente se dé cuenta de que un arma no te hace más fuerte”, concluyó este sacerdote, conocido popularmente como “padre Tolerancia”.

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