Publicado en: 03/05/2011

Atlanta Hawks se hacen respetar

Atlanta Hawks CHICAGO, (ESPN).- Antes de llegar a por qué sucedió — analizando los detalles de cómo los Atlanta Hawks derribaron al sembrado Nº 1 de los playoffs para dejarlos 1-0 abajo en su serie de segunda ronda con la victoria del lunes sobre los Chicago Bulls

— primero debes entender porqué fue posible.

Debes comprender la profundidad del desafío que está alimentando a los Hawks en estos playoffs.

 

Debes apreciar qué fue lo que motivó a Atlanta a transformar la coronación de Chicago — cuando Tom Thibodeau recibió el trofeo al Entrenador del Año de la NBA antes del Juego 1 — en una cuasi-catástrofe en la ciudad de los vientos.

 

Debes llegar al fondo de las razones por las que Derrick Rose recibirá con orgullo su merecido trofeo al Jugador Más Valioso el martes, sonriendo a pesar del sabor amargo que le quedará del lunes por la noche.

 

Y para hacer todas estas cosas, primero debes conocer a Jeff Teague, quien marcó el tono para la victoria de los Hawks por 103-95 una hora antes del partido en el United Center. Y debes creer en Joe Johnson cuando dice que ha encontrado una nueva vida en estos playoffs como cerrador.

 

De pie sin camisa frente a su casillero antes de abordar la tarea más importante de su carrera de dos años en la NBA, Teague recordó la última vez que había encarado la difícil tarea de enfrentarse a Rose.

 

Fue durante el verano entre sus campañas de tercer y cuarto año de la preparatoria, en un partido de semifinales de un torneo de alto perfil de la AAU en Las Vegas. Rose compartía el perímetro con Eric Gordon.

 

Teague jugaba con, eh, bueno…

 

“Nadie ni por cerca tan bueno como ellos”, recordó Teague el lunes antes de tomar el puesto titular del veterano lesionado Kirk Hinrich.

 

Antes de ese torneo, Teague ya tenía buenas ofertas de becas de Indiana, Dayton, Southern Illinois y otros programas de menor nivel de la División I. Después de ese torneo, pasó a ser material de ACC y terminó asistiendo a Wake Forest.

 

“Ese juego, ese torneo, realmente fue lo que me puso en el mapa”, dijo Teague, reconociendo que Rose probablemente ni siquiera recuerde el enfrentamiento de aquel día en Las Vegas. “Creo que me hice un nombre”.

 

Seis años más tarde, otro enfrentamiento con Rose le dio la oportunidad de hacer lo mismo.

 

“Lo primero que le dije ahí afuera es que sea Jeff Teague”, dijo el entrenador de los Hawks, Larry Drew. “No te achiques ante nadie. Dio un gran paso en los playoffs, defendiendo contra el Jugador Más Valioso de la liga y ejecutando la ofensiva. Cuando entró a los vestidores, le di el balón del juego”.

 

Esto sí que es timing.

 

La noche que Thibodeau fue galardonado como el mejor entrenador de la liga, fue Drew quien orquestó otro triunfo visitante inesperado en el Juego 1 contra un equipo de sembrado más alto para darles a los Hawks su primera victoria de playoffs en la segunda ronda desde 1997. Y en la víspera de la coronación de Rose como JMV, fue Teague quien salió de la nada para ayudar a acosar al explosivo escolta de los Bulls, quien arrancó con dos aciertos en 10 intentos de campo y terminó metiendo 11 de 27.

 

Sí, Rose merece ser nombrado JMV, ya que, incluso en sus noches malas, es capaz de producir la clase de numeritos que registró el lunes: 24 puntos, 10 asistencias y cinco rebotes en 41 minutos. Pero sabiendo la clase de competidor y líder que es Rose, supongo que hubiera preferido tener lo que Teague se llevó el lunes.

 

Un partido. Una victoria en el Juego 1. Una ventaja de 1-0 en la serie. Una ventaja temprana en esta serie al mejor de siete por el derecho de avanzar a las finales de la Conferencia Este.

 

Los Hawks volvieron a hacer lo que han hecho en casi todos los partidos de estos playoffs. Compilaron una ventaja temprana de dos dígitos, explotaron los duelos favorables con su altura, atletismo y velocidad en el perímetro, metieron tiros en salto y, sobre todo, evitaron la clase de tiros tontos y los errores que supieron condenarlos en momentos clave en el pasado.

 

Con 10 puntos, cinco asistencias, una sola pérdida y un implacable esfuerzo defensivo contra Rose, Teague puso las cosas en marcha para los Hawks. Y Johnson se hizo cargo a partir de ahí, dando los toques finales de lo que debería considerarse como una de las victorias más impresionantes de estos playoffs.

 

A pesar de lo difícil que pueda resultar para algunos, ya es hora de que los críticos empiecen a darles algo de crédito a los Hawks. Lo que sucedió aquí el lunes no fue una casualidad. Fue una ráfaga. Y si los Bulls no tienen cuidado, podrían terminar enfrentando el mismo destino que el Orlando Magic.

 

Johnson marcó 34 puntos, acertó 12 de 18 tiros de campo y metió sus cinco intentos de triple. Lanzaba daga tras daga tras daga para mantener a los Bulls a raya cada vez que amenazaban. Éste fue el mismo Johnson que tuvo problemas durante la temporada regular contra la temible defensa de Chicago y que promedió apenas 13.7 puntos con una efectividad del 39 por ciento en tres partidos.

 

El lunes, Johnson produjo una dosis de la misma pócima de postemporada que Dwyane Wade le echó a Boston en la victoria de Miami en el Juego 1 después de haber tenido dificultades similares contra los Celtics durante la temporada regular.

 

Esta producción fue más que clave para Johnson. También fue un alivio. Después de haber padecido una temporada de lesiones y del incómodo escrutinio que devino de haber firmado el contrato más costoso de la agencia libre el verano pasado, Johnson necesitaba una actuación como la del lunes.

 

Ha sido una especie de renacimiento.

 

“Es grandioso”, dijo Johnson. “La temporada regular ha terminado. Hemos empezado una nueva campaña, los playoffs son una campaña completamente diferente. Sólo quiero salir y ser agresivo y hacer jugadas. En conjunto como equipo, hemos sido grandiosos en la postemporada. No hemos sido favoritos. Pero abordamos cada partido con la confianza de que podemos salir a ganar”.

 

La confianza de los Hawks exuda por todos sus poros. Por ahora, están respondiendo a la crítica y desterrando a los no creyentes.

 

¿Aquel columnista de Orlando que los trató de “limitados” y garantizó una victoria en la serie — incluso después de que el Magic hubiera caído en un pozo de 3-1?

 

“En su cara”, respondió el alero de los Hawks, Josh Smith.

 

¿Ese comentario lúdico de Jameer Nelson, escolta del Magic, quien le dijo a Rose hacia el final de la temporada regular que lo vería en la segunda ronda de los playoffs?

 

El lunes el personal de los Hawks introdujo dos entradas en un sobre a nombre de Nelson antes de dejarlos en el United Center.

 

¿El foco que iba a brillar tan intensamente sobre el entrenador del al año y el candidato a JMV de los Bulls a principios de esta semana en Chicago?

 

Teague, Johnson y los Hawks se colaron en el resplandor.

 

“Simplemente vamos a tratar de llevar esto hasta el final”, dijo Johnson. “Somos un grupo que tiene confianza. Mientras tengamos la espalda del otro, eso es todo lo que importa. No podría importarnos menos lo que piensen de nosotros”.

 

Sí, fue sólo un partido.

 

Pero eso es lo mismo que dijo Orlando.

 

No, los Hawks no van a seguir metiendo tiros así.

 

Adelante. Traten de convencerse de que anotar 103 puntos con una efectividad del 51.3 por ciento y superar en rebotes al mejor conjunto defensivo de la liga sólo fue una gran aberración.

 

“Fue nuestra culpa”, dijo Thibodeau. “Ni un sólo aspecto de nuestra defensa fue bueno. Una vez que tienen confianza y esa ventaja, son difíciles de frenar”.

 

En algún lugar, el entrenador del Magic, Stan Van Gundy, está sacudiendo la cabeza porque él dijo exactamente lo mismo.

 

Esta serie está lejos de terminar. Pero ya es hora de empezar a darles un poco de respeto a los Hawks en estos playoffs. Porque si ustedes no lo hacen, ellos lo tomarán a la fuerza. Eso es lo que define la rebeldía.

 

Háganse a un lado Memphis, tienen compañía.

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