Publicado en: 30/12/2010

Aseguran que el complot para matar a Morales era una farsa

LA PAZ, BOLIVIA.- Un testigo afirmó a la Embajada en La Paz que la “conspiración” contra la vida del presidente boliviano fue en realidad un montaje de los servicios de inteligencia para culpar a políticos y empresarios del opositor estado de Santa Cruz

En la madrugada del 16 de abril de 2009, un comando de la policía boliviana irrumpió en un de Santa Cruz, dejando como saldo tres hombres muertos -Eduardo Rózsa Flores, húngaro-boliviano; Árpad Magyarosi, húngaro, y Michael Dwyer, irlandés- y dos detenidos -Mario Tadic, boliviano de origen croata, y Elod Toaso, húngaro-.

Según el gobierno del líder cocalero Evo Morales, eran terroristas contratados por opositores para impulsar una rebelión armada y asesinar al presidente.

Sin embargo, la Embajada de EEUU en La Paz sostiene que los hechos difieren de la realidad. La versión, que llegó por una fuente calificada, dicen que los mercenarios fueron contratados por servicios de inteligencia bolivianos para montar una farsa y justificar la persecución contra los dirigentes de Santa Cruz, una zona esquiva para Morales.

Un cable de mayo de 2009 dado a conocer por el diario español El País asegura que los espías bolivianos liquidaron a Rósza, Magyarosi y Dwyer para no dejar rastros y sembraron pruebas falsas. Los otros dos, Tadic y Toaso, salvaron su vida porque ignoraban los detalles de trama y, luego, las autoridades los usarían como testigos para dar verosimilitud al montaje.

De acuerdo con los reportes diplomáticos estadounidenses, los hombres fueron torturados y como consecuencia de los tormentos quedaron “ensangrentados, con dientes perdidos, costillas rotas, moratones y laceraciones provocadas por cortes de cuchillo”.

Según la embajada, si bien no pueden comprobar la farsa, sí dan fe de que el informante es un persona confiable, de trayectoria solvente. Además, su relato corrobora las versiones periodísticas y de la oposición, que insisten en que el complot fue organizado por Morales.

El vicepresidente Álvaro García Linera había afirmado frente a los diplomáticos estadounidenses que los mercenarios atacaron con armas de fuego y explosivos a la policía.

Sin embargo, la evidencia apuntaba a una ejecución extrajudicial: el circuito de cámaras de vigilancia del hotel estaba desactivado durante la operación y los registros de Internet fueron borrados. Las armas encontradas en el lugar, según el informante, eran nuevas y habían sido “plantadas” por la policía.

“El gobierno boliviano está casi seguro de poder aprovecharse de esta oportunidad para vincular al ‘imperio’  (en referencia a EEUU) con la supuesta conspiración y confirmar así las acusaciones más locas de Evo Morales sobre los tejemanejes estadounidenses”, escribe el encargado de Negocios el pasado febrero.

Según la embajada, “pasarán muchos meses antes de que se sepa toda la verdad de este caso. Si es que alguna vez llega a saberse”.

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