Publicado en: 16/03/2013

¿4% para qué?

José-Tomas-Pérez

Lic. José Tomas Pérez

La campaña por el 4% para la educación, demostró ser uno de los ejemplos más ilustrativos de lo que es capaz de lograr una sociedad, cuando se unifica en torno a lograr metas.

Fueron muchos años de reclamos, pero sobre todo, el 4% resultó ser la emancipación de una idea que trascendió a los partidos, a las organizaciones y sindicatos tradicionales.

Ahora tenemos que preguntarnos, ¿4% para qué?

La ejecución presupuestaria en educación, para el año 2011, fue de 39,055 millones de pesos, lo que representó el 1.86% del PIB., de ese total, 18 mil millones se aplicaron al programa de Educación Básica, que agrupa el 66% de la matrícula escolar pública; 3,951 millones, a la Educación Media, que representa el 21% de los estudiantes, y apenas 747 millones, a la Educación Inicial, que cubre solo el 40% del total de niños menores de 6 años que viven en el país.

Si algo llama de inmediato la atención sobre estos números, es la insuficiencia presupuestaria y la carencia con que se maneja la educación pública en la República Dominicana, de modo que la lucha por el 4% no sólo se justificaba por estas razones, sino que se correspondía plenamente con los objetivos que, como sociedad sumida en el subdesarrollo, tenemos que alcanzar para los próximos años, si queremos ponernos en sintonía con las metas del milenio.

Según la propia Ley de Educación, la ejecución presupuestaria debe distribuirse de modo que el 80% se aplique para los gastos corrientes, y el 20% para los gastos de capital.

Para el año 2011, sin embargo, el gasto corriente representó el 92% de esta ejecución, mientras que el gasto de capital apenas llegó a un 8%.

Está claro, que una realidad como la descrita, amerita de una recomposición en la relación del gasto si queremos que el 4% que se le ha asignado a la Educación en el presupuesto del año 2013, tenga impacto real en el mejoramiento de la calidad de los procesos de enseñanza-aprendizaje.

No basta un 4%, ni un 5, ni un 10%, si no nos proponemos cambiar la distribución del gasto educativo.

México por ejemplo, destina el 5% del PIB a la educación, pero dedica el 93% al pago de servicios personales, (nómina, prestaciones, seguros, etc.) que según un estudio reciente, ocupa el último lugar dentro de países de la OCDE, en cuanto a expectativas de graduación del bachillerato (47%), siendo también el penúltimo país en la OCDE, después de Turquía, con el más alto número de jóvenes de 15 a 29 años que no estudia ni trabaja.

Por último, México ocupa el lugar 116, entre 134 países en calidad de la educación, a pesar de ser el segundo país, después de Finlandia, que más incrementos salariales hicieron a sus maestros, entre 1996 y 2007. Siendo uno de los países que más incentivos salariales le da a ese sector.

Esta reorientación del gasto tiene que empezar por darle la importancia que se merece la Educación Inicial, que es la responsable de que los niños empiecen a desarrollar la capacidad de relacionar conceptos, y es la que lo prepara para las tareas de abstracción como son las matemáticas y la lectura comprensiva.

Que sólo un 40% de nuestros niños participen en el sistema preescolar no sólo es muy grave, sino que es también un signo de lo mal que estamos en cuanto al establecimiento de prioridades educativas.

En Europa la tasa media de escolaridad de niños entre 3 y 5 años es de 94%, mientras que en Bélgica, Dinamarca, Francia y España es de 100%.

Estados Unidos gasta el 4.8% del PIB en educación, Alemania el 4.2%, Brasil el 4.2% y Chile el 3.2%. Sin embargo, en infraestructuras escolares la inversión de esos países va desde un 6.7%, en Brasil y Alemania, hasta un 11.2 en Estados Unidos. Mientras que nuestra inversión en infraestructuras escolares fue de 747.4 millones de pesos en el 2011, es decir, el 0.02%.

Si bien se reconoce la importancia, que para impartir una educación de calidad hace falta que los maestros puedan sostener condiciones de vida decente. También hay que reconocer que otras prioridades aplican, para poder sacar la educación pública dominicana, del círculo de mediocridades en el que se desenvuelve.

Es correcta, la decisión que tomó el gobierno, de empezar la ejecución presupuestaria con la construcción de más de 10 mil aulas, debido a que esta acción pondrá al Ministerio de Educación, en capacidad de expandir la cobertura escolar y al mismo tiempo proveer un espacio decente para que el proceso, (enseñanza-aprendizaje) se produzca con la calidad que todos deseamos.

Sería correcto también, que ese presupuesto contemple acciones contundentes hacia la expansión de la cobertura preescolar y hacia la implementación de una metodología de enseñanza que coloque al estudiante como eje central del proceso.

Correcto será también, que iniciemos un efectivo programa de capacitación y evaluación profesoral, que permita al maestro convertirse en el garante de la calidad de la educación de nuestros niños.

Correctísimo también, que se inicie el proceso de descentralización progresiva de la gestión del sistema escolar, dándole autoridad a los agentes locales, directores, maestros y padres, para intervenir en el control de calidad de ese sistema.

Como también sería importante, dedicar más recursos a los politécnicos, así como, a la construcción de Institutos Comunitarios, para promover un bachillerato que capacite al joven para el trabajo, reduciendo con este hecho los altos índices de deserción escolar, responsables de que menos de un 3% de nuestros estudiantes de secundaria puedan llegar a graduarse en la universidad.

El 4% del Producto Interno Bruto, (PIB) es la magnífica oportunidad que esperaba el pueblo, para que se empiecen hacer las cosas que nunca se han hecho en la educación pública, de la República Dominicana.

Escrito por: Lic. José Tomas Pérez

Ex Senador de la República,

Propulsor de la ley 200-04, de libre acceso a la información pública.

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